18/2/13

Capitulo 3. El viaje - Parte 3 -


―Joder tío, vaya coche mas mierda, ya podía tener un todoterreno
―Calla Nuria, vamos a por estos. Rodeemos por funcarral para que los que nos persiguen tenga que correr el doble.
―Espera, para y da marcha atrás y los atropellas.
―Eres sádica

Dicho y hecho, me ensañe un poco pasándoles por encima pero estaba un poco nervioso.

Llegamos al portal pero no pudimos llegar hasta él por la pila de cadáveres que había en el asfalto, era realmente dantesco, muchos no estaban muertos solo aplastados por los otros y nos miraban con una furia en los ojos que jamás podre describir. Un par de ellos habían llegado tarde a la fiesta y vinieron corriendo hasta nosotros. Con rápida destreza los fui atropellando poco a poco hasta que los deje apretados entre el coche y la pared con la ayuda de Nuria sacando por una rendija el palo de la escoba.

Nuria corrió hacia la puerta a lo que Marga y Juan salieron arrastrando  los provisiones que nos quedaban,  las metimos rápidamente en el maletero mientras Marga se montaban con dificultad en el coche,  estaba muy asustada, casi no podía andar los 15 metros que separaban el portal del coche e intentaba no mirar a la pila de cadáveres que habíamos formado de aproximadamente 3 metros repartidos por todo el asfalto donde los aún vivos e inmovilizados alargaban sus manos para intentar tocarla o más bien agarrarla.

Nadie sabía que iba a ser de nosotros desde aquel punto pero ya no había marcha atrás, pero empezamos por fin nuestro viaje.

Las calles estaban bastante despejadas, al menos los callejones. Decidí no tomar ninguna arteria principal y estaba disfrutando como un enano de ir tan rápido por la ciudad. Como en la pelis zombis algunos iban dándose contra el coche pero nada no ocurría lo típico de que el coche salta por los aires o los cadáveres se amontonan en el parabrisas, simplemente golpeaban y caian, y alguno que otro probaba una de mis ruedas. Tuvimos un par de sustos sobre todo por culpa de coches que se encontraban abiertos a los lados de la calle. Marga gritaba en cada golpe,  parecía que no le quedaba mucho para desmayarse.

―Noel te estás pasando nos la vamos a pegar.
―Nuri calla, que me desconcentras.
―Si hijo ve con más cuidado ―dijo Juan―
―Haber chicos ¿habéis visto la cantidad de infectados que llevamos detrás corriendo tras nosotros? en cada curva perdemos velocidad y nos alcanzan un poco más. No voy a reducir.
―¿Vas en buena dirección?
―Si, voy a salir a la carretera lo más al sur posible.

­Al rato salimos a Méndez Álvaro y la visión del Corte Inglés nos dejo sin palabras. Los cristales de la fallada estaban rotos en diferentes plantas y cientos de personas sanas asomaban entre ellos. De los huecos en la cristalera principal colgaban carteles de SOS  semi-borrosos por las lluvias. Por el camino habíamos visto bastante reclamos y pendones colgados de muchos balcones pero esto se llevaba la palma. Debajo una ingente cantidad de hienas golpeaban sin cesar muros y persianas metálicas. Al oír nuestro motor se voltearon rápidamente.

―Oh Dios mío, pobre gente.
―Pero Noel no pares, sigue, SIGUEEEE ―gritaba Juan―.
―Tenemos que hacer algo, tienen que estar volviéndose locos con tantos de ellos golpeando ahí debajo.

Entonces empecé a pitar y adentrarme despacio a la salida a la autopista. Nuria, para alentarles,  saco su cuerpo y empezó a enseñarle las tetas gritando; Queréis carne cabrones, aquí tenéis 2 kilos. Una sonrisa se adivinaba en mi cara pero la tensión de lo que estaba haciendo pesaba en mi mucho más.
Una cantidad desmesurada de bestias corrían hasta nosotros con todas sus fuerzas, la idea era llevarlos lo más lejos posible para darle un descanso a toda esa pobre gente.

Algunos nos alcanzaron y empezaron a golpear los cristales del coche, a lo que aceleré el paso.

―!!No sé qué coño haces hijo pero nos vas a matar¡¡ ―exclamo Juan―

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