17/3/13

Capitulo 3. El viaje - Parte 7 -


Nuria empezó a buscar emisoras de radio, las cuales eran prácticamente inexistentes o mantenían cualquier tipo de grabación musical o informativa que se repetía cíclicamente.

―¿Qué será de ellos?­―Nuria dijo rompiendo a llorar―
―Tranquila Nuria. Seguro que Juan ha encontrado algún lugar seguro.
―No me refiero a eso, sino a sus mordeduras.
―Pues ya lo sabes Nuri, es lo que hay, no les queda otra más que esperar. Es duro pero es así.
―Joder Noel que frio eres.
―Nuria estoy que me muero por dentro pero cada uno lo expresa a su manera ¿vale?
―Ya pero lo dices de una forma tan cortante.
―Yo me evado así, intento no pensar. Solo imagino que estarán juntos y hasta el final. Yo preferiría morir así, infectado. Bueno morir o lo que sea eso, es mucho mejor que morir de inanición observando tu muerte o que te devoren vivo ¿no crees? Dentro de lo malo es lo mejor, transformarse.
―Hombre, visto así… aunque tampoco creas que me hace mucha gracia transformarme en eso. Creo que prefiero morir si  no hubiera cura.
―Puede que los americanos como en las pelis puedan hacer algo en sus laboratorios secretos... o puede que nos quedemos así para siempre. Mi única esperanza es que cuando se les acabe la comida morirán, de eso no tengo duda, sino ¿porque comen los cuerpos del suelo?
―Pufff, quien sabe si viviremos hasta entonces...¿Crees que Marga y Juan, aun siendo zombis ,seguirán juntos?, ¿tendrán memoria residual de su vida?
―Ojalá Nuri, sería al menos algo reconfortante. ¿Cuánto tardarán en transformarse?
―Ni idea, depende de la herida, horas supongo. Juan lo hará antes que Marga si fuera así.
―Pobre Marga.
―¡Mira eso!

Delante nuestra se encontraba una gasolinera, totalmente abandonada, sin coches, sin casas cercanas, en medio de esa nada en la que de vez en cuando se convierte la inmensa vía recta de La Mancha, y lo más importante,  sin rastro de hienas en los alrededores.

―¿Echamos un vistazo Nuri?
―Vale, para y pita un poco, a ver si viene alguno.

Después de 5 minutos de un par de suaves pitidos decidimos bajarnos del coche. Era una gasolinera pequeña, típica de Repsol, con tienda y baño trasero de los que tienes que pedir la llave.

Nuria y yo andamos despacio con nuestras “armas de andar por casa”. Pegados espalda con espalda andamos los escasos metros del coche a la puerta.

No veo a nadie dentro, hay pocas cosas pero hay agua, pastelillos, patatas y demás comida y bebida basura esturreada por todos lados. Llamamos 4 o 5 veces a la puerta para asegurarnos que nada dentro “libre” pudiera estar acechando.

―No hay nadie y si hay estará encerrado en esas dos puertas de al lado de los extintores, de todas formas no se oyen golpes, eso quiere decir que estará vacio―le dije a Nuria―
―¿Como abrimos la puerta?
―Es de cristal, no sé ¿la golpeamos con los extintores de fuera?

Cogí el extintor y empecé a golpear mientras Nuria probaba las mangueras para intentar llenar el coche.

―Mierda de cristales blindados, solo he conseguido torcer la estructura de metal un poco.
―Pues esto está muerto, sin electricidad no sé cómo vamos a sacar gasolina.

Fui hacia Nuria y le señalé los pozos donde los camiones descargan la gasolina.

―Hay que abrir eso y conseguir meter algo para sacarla de ahí.
―Vale lumbreras pues abre de una vez a ver si encuentras la llave para abrir esas tapas, porque tienen una seguridad rara.

Seguimos golpeando por 10 minutos la puerta a turnos. Empezábamos a estar intranquilos por el ruido que estábamos generando pero aún así los campos circundantes parecían tranquilos. Por fin conseguimos hacer un hueco suficientemente grande en la estructura de la puerta.

―Nuria metete tu que cabes y ve tirando fuera todo lo que puedas por el hueco. Y busca  primero en caja o por ahí la llave de las tapas de los pozos.
―Joder, esto es muy de peli, me da un miedo que te pasas.
―Tranquila no hay nadie, yo vigilo si viene alguien sales, te montas en el coche y adiós.

Acerqué todo lo que pude el coche y Nuria se metió por el hueco buscando rápidamente todas las llaves. Me las tiró fuera y fui directo a abrir el pozo de diesel mientras ella, más ordenada, metía las cosas en bolsas de la tienda y las iba echando afuera.

Eramos muy tardones, pensé mientras abría la tapadera, no podemos tardar tanto en actuar, así no sobreviviríamos en este mundo, y lo peor, que ya empezaba a oscurecer levemente. 

El pozo estaba abierto pero el nivel de carburante estaba demasiado bajo y no tenía medio de cogerlo.

Una manguera, que luego me lleve hizo las veces para intentar aspirarlo pero tenía que estar más bajo para crear circulación.

―Nuri, mira a ver si hay una bomba manual o algo para ascender la gasolina y date prisa porfi, oscurece.
―Ok, aquí no hay nada de eso, pero miro en la parte de atrás, no hay nadie tampoco por ahí.
―Mira paso esto es imposible, tendremos que buscar otro coche mas adelante. 

Guardando rápidamente todo lo que Nuria había sacado, me preguntaba donde demonios se había metido, cuando de pronto, escuche un grito en la parte trasera de la gasolinera.

6/3/13

Capitulo 3. El viaje - Parte 6 -


Juan beso a Marga una última vez y abrió rápidamente la ventanilla. Saltando torpemente, sus piernas  quedaron expuestas entre los dos coches. Nuría desde su estrecha posición pegada al todoterreno,  intentaba retener con la escoba a las hienas pero una alcanzo súbitamente la pierna derecha de Juan. Marga intentó ayudarlo desesperada, gritando y dando golpes a todos lados.

Juan pegó una patada fuerte para desenganchar al infectado que tenía anclado a su muslo y a la vez hizo que Marga saliera despedida hacia dentro del vehículo. Nuria reaccionó rápidamente metiendo medio cuerpo atrás y cerrando la ventanilla.

Una vez dentro del 4x4, Juan paso a la parte de delantera e intentó encenderlo. Una, dos, tres veces... me miraba desesperado sin saber qué hacer hasta que subitamente encendió.

Retrocedí lo máximo posible pisando cadáveres y atrapando cuerpos bajo mis ruedas mientras olíamos  el reconocible olor a quemado generado por el esfuerzo desmesurado del coche mientras juan iba ganando espacio empujando a su alrededor con el 4x4, hasta que alcanzó a salir y golpear seca y repetidamente el quitamiedos, tumbandolo y pasando por encima de él.

Algunos zombis corrieron tras su coche y nosotros aprovechamos para salir despacio y por fin reencontrarnos con él unos pocos kilómetros más allá del avión.

―¡¡JUAN!!―Gritó Marga desde la ventana al acércanos a su coche una vez ya alejados de los infectados―.

Juan salió del coche tranquilamente a la vez que Marga y se abrazaron llorando desconsoladamente mientras Nuria y yo veíamos la escena con lágrimas en los ojos.

―Mi amor tienes que irte con ellos, pronto estaré como los demás,
―No Juan yo me quedo contigo.
―No Marga tienes que hacerlos por los dos,  tu puedes hacerlo sola y…

Marga levantó su Jersey marrón y mostró una herida superficial con unos dientes algo marcados en ella.
Juan callo en el suelo de rodillas llorando mientras ella se agachaba para recogerlo, a lo que Marga secándose las lágrimas en los ojos le dijo;

―En la salud y en la enfermedad ―esbozando una nerviosa sonrisa―.

Juan la miró y se abrazo a ella, ambos lloraban arrodillados como niños pequeños sin consuelo. 

Nuria y yo, sin palabras y llorando ahora libremente, nos acercamos y abrazamos fuerte a ellos besándolos y compartiendo lo que serían los últimos minutos de su compañia y sobretodo como las personas que habíamos conocido hasta hoy.

― Ya están llegando, se oyen desde aquí, tenéis que iros ―dijo Juan secándose las lágrimas―,  seguid en vuestro coche, que no tiene ventanillas rotas, Marga y yo buscaremos un lugar donde pasar este tiempo hasta que nos convirtamos en eso―dijo señalando a las hienas que se veían a lo lejos―.
―Pero Juan lo mismo si venís hasta un punto detrás nuestra podréis…
―No iros ya, la carretera está despejada de aquí en adelante gracias al avión. Cuidaros y ser cautos en la noche.

La despedida fue rápida, nos abrazamos mirándonos a los ojos. Saliendo con los coches le tiré una botella de agua Juan por la ventanilla rota de su 4x4. Nos despidieron con una sonrisa en los ojos y la mano en el corazón.

Nuria y yo partimos, silenciosos y pensativos durante un largo rato. La carretera estaba tranquila, parecía que nada de lo de atrás hubiera ocurrido, pero la cara de Juan y Marga montándose en el coche como corderos que van a degollar quedaría en nuestra cabeza por mucho tiempo.

2/3/13

Capitulo 3. El viaje - Parte 5 -


El pánico cundió dentro del coche, todos gritaban dando su opinión. Pa´tras, pa´lante, mete freno de mano y dale fuerza y así un sinfín de pruebas hasta que todos nos quedamos en silencio, notando como cada golpe de esas fieras nos penetraba más en nuestra cabeza e incluso hacia cambiar el ritmo cardiaco de nuestro corazón.

Al lado de mi ventana, una niña morena de aproximadamente 6 años se había colado entre los demás infectados. Por fin pude observar uno detenidamente de cerca. Intentaba morder mi cristal, masticar el vidrio de mi ventanilla con un ansia y desesperación indescriptible. Su boca sanguinolenta por el resto de cuerpos que habría devorado manchaba toda la zona hasta donde su pequeña estatura alcanzaba y sus ojos eran lo único que pude ver al cabo de unos minutos. Eran raros, sin vida o al menos no eran humanos, así segui observándola hasta que vi claro su particularidad.

―Fijaros bien en los ojos de esta niña―dije al grupo―, son grandes, pero la pupila es extremadamente grande.
―Si es cierto casi no se le ve el Iris―dijo Nuria―.
―Estos cabrones están preparados para cazar de noche―dijo Juan metiendo la cabeza entre nosotros y mirándola fijamente―

La niña era la más hija de puta de todos. La cabrona empezó a dar golpes con su cabeza contra el cristal y dudaba mucho que siguiera aguantando mucho.

No sabía si íbamos a salir de allí pero de pronto, alcanzar la noche, empezó a ser más escalofriante de lo que habíamos pensado anteriormente, hay que moverse y rápido pero ¿Cómo?

Juan abrió lo justo su cristal y empezó a disparar plomos a la ventanilla del 4x4 de al lado que se encontraba cerrada. La parte del copiloto y su homóloga trasera estaban pagadas a ese coche por lo que los zombis no podía acceder a esa parte- En dos disparos la había roto.

―Juan ¿qué coño estás haciendo?―dije―.
―Voy a usar el todoterreno para abrirnos camino.
―¿Juan estás loco? Te van a morder.
―Juan no lo hagas―le suplico Marga―.

Juan abrazo a Marga y le dijo;
―Mi amor. Amor de mi vida, no va a ocurrir nada, voy a saltar y saldremos de esta. Te amo, sabes que te amo pero no quiero morir aquí y así. Si me pasara algo sigue con ellos, te cuidarán.
―No Juan por favor, que vayan ellos, son más agiles.
―Si Juan voy yo―dijo Nuria―
―No, vosotros debéis de quedaros aquí, y disparar y alejar con la escoba a los que intenten trepar y agarrarme. Tenéis que seguir aquí porque sois los únicos con fuerzas para salir y correr lo suficientemente deprisa para escapar si vienen a por mi y luego volver por Marga.

Juan abrazo fuerte a Marga y la besó. Le dijo algo al oído que no pudimos oír con todos esos golpes y dijo:

―En cuanto abra un hueco en el quitamiedos os metéis por ahí ya me reuniré con vosotros al pasar el avión. Nuria tu con el palo intenta que no me toque o agarren aunque saltaré fuerte. Marga tu cierra la ventanilla en cuanto salte. ¿Entendido?

Todos tragamos saliva y asentimos.

Capitulo 3. El viaje - Parte 4 -


Aceleramos el paso para escapar definitivamente de las hienas que se agolpaban frente a las puertas,  como un día de rebajas "mortal", de El corte Inglés. La M-30 estaba a rebosar, miles de coches se agolpaban en todos los carriles, algunos de ellos tenían infectados dentro, otros gente muerta de inanición ¡o de vete tú a saber!, y la mayoría de ellos estaban vacíos.

Corría todo lo que podía por los arcenes, rasgando mi antes "preciado coche" contra los otros. Hacía mucho que perdimos los retrovisores y una gran cantidad de hambrientos perseguían y golpeaban el coche a nuestro paso, que no iba lo suficientemente rápido para dejarlos atrás a todos. Aun así la carretera no estaba tan masificada. La salida sur estaba abarrotada de coches pero no quería imaginar cómo debía estar la dirección norte, que llevaba a la Sierra, primera opción de una persona cuerda en esos momentos.

―Joder, joder como rompan un cristal la hemos jodido ―decía Juan repetidamente y bastante nervioso―

Nuria estaba más tranquila, como yo, estaba enmudecida por el terrible paisaje y escrutaba cada detalle del entorno. Marga estaba en un estado catatónico, con los ojos cerrados en medio del coche con la cabeza apoyada en la barriga de Juan, intentaba desvincularse de lo que ocurría a su alrededor.

Después de una larga hora y media de terror psicológico de constantes golpes, salimos a carretera abierta. El lado que escapaba de Madrid hacia Andalucía estaba prácticamente impracticable pero, en dirección contraria los coches brillaban por su ausencia, así que cruzamos la mediana y seguimos a contrasentido durante todo el trayecto. Durante varias decenas de kilómetros  todo iba “sobre ruedas”  salvo por los 4 imbéciles que se abalanzaban de vez en cuando hacia nosotros.

Una vez escapados de la civilización masificada de la capital encontrábamos pastos y llanuras secas, típicas de La Mancha, donde en vez de vacas o cualquier otro animal se divisaban nuestras amigas hienas devorando sujetos en el suelo. Como auténticos suricatos alzaban el cuello al sentir el ruido del motor a lo lejos y a toda prisa intentaban acercarse a la carretera para alcanzarnos pero nuestra velocidad era demasiada para ellos.

­―No puedo quitarme de la cabeza a la gente del Corte Inglés. Tenían que haber escogido sobrevivir allí por las existencias del supermercado o la seguridad de las persianas metálicas―dije―.
―Sí, pero no han tenido en cuenta que romper todos esos cristales, a parte del ruido que habrán formado, les daba a las hienas acceso directo a su olor. ¡Y encima como son pocos…!―dijo Juan―
―Espero al menos haberles dado un descanso y quitarles toda esa mierda apelotonada, que los tenía que estar volviendo locos.
―Si, pobres desgraciados―dijo Juan―.

Todos nos quedamos en silencio pensando en ellos, pensando en todas esas familias enteras que nos miraban por los cristales con una mezcla de sorpresa, desesperación y puede que algo de esperanza.

El panorama estaba cambiando poco a poco, pasando el pueblo de "Tembleque", los zombis iban desapareciendo, pero al contrario teníamos que esquivar cada vez más y más coches que habían tenido la misma idea de cruzar la mediana como nosotros. El otro lado de la vía a Andalucía presentaba un panorama desolador, un choque en cadena todavía dejaba restos de humeantes con coches llenos de gente atrapada dentro e incluso calcinada. Preferíamos no mirar hacia ese lado, era demasiado “fuerte”. 

La situación se estaba poniendo compleja hasta que llego un momento en que ir por el propio arcén era prácticamente inviable.

―¿Qué es eso de ahí Nuria?¿Es lo que estoy viendo?. No me lo puedo creer mira Juan, ¿lo ves? ¡Es un avión! ¡Hay un puto avión en medio de la autovía!!

Un avión de Lan Chile estaba justamente apeado a un par de kilómetros de nosotros. Parecía intacto aunque el morro estuviera algo quemado, Había cortado prácticamente toda la carretera y provocado una catástrofe en la zona.

―Esto es demasie pa´ el body ―balbuceo Nuria―
―Si, esto demuestra de que el aeropuerto de Ciudad Real no sirve para nada.
―Por ahí viene un de ellos, chicos. Por detrás ¡mirad! ―De pronto nos interrumpió Juan―
―Mierda no puedo seguir adelante, ¡no hay salida¡

Intente salirme de la carretera pero los quitamiedos no cedían sin coger fuerza y no teníamos espacio para movernos. Las ruedas y el esfuerzo del motor aumentaban nuestro ruido y cada vez más y más infectados iban aferrándose al maletero y lado piloto, ya que la parte del copiloto estaba bloqueada por otros coches pegados a nosotros.

―Vamos, da marcha atrás venga, corre―grito Juan―.

Reculamos apenas 2 metros pero detrás de esos zombis había muchos más, hasta que llego el punto en que los cuerpos que pisábamos no nos dejaban retroceder más.