Juan beso a Marga una última vez y abrió rápidamente la ventanilla. Saltando torpemente, sus piernas quedaron expuestas entre los dos coches. Nuría desde su
estrecha posición pegada al todoterreno, intentaba retener con la escoba a las hienas pero una alcanzo súbitamente la pierna derecha de Juan. Marga intentó ayudarlo
desesperada, gritando y dando golpes a todos lados.
Juan pegó una patada fuerte para desenganchar al infectado que tenía
anclado a su muslo y a la vez hizo que Marga saliera despedida hacia dentro del
vehículo. Nuria reaccionó rápidamente metiendo medio cuerpo atrás y cerrando la
ventanilla.
Una vez dentro del 4x4, Juan paso a la parte de delantera e intentó
encenderlo. Una, dos, tres veces... me miraba desesperado sin saber qué hacer hasta que subitamente encendió.
Retrocedí lo máximo posible pisando cadáveres y atrapando cuerpos bajo mis ruedas mientras olíamos el reconocible olor a quemado generado por el esfuerzo desmesurado del coche mientras juan iba ganando espacio
empujando a su alrededor con el 4x4, hasta que alcanzó a salir y golpear seca y repetidamente el quitamiedos, tumbandolo y pasando por encima de él.
Algunos zombis corrieron tras su coche y nosotros aprovechamos para salir despacio y por fin reencontrarnos con él unos pocos kilómetros más allá del
avión.
―¡¡JUAN!!―Gritó Marga desde la ventana al
acércanos a su coche una vez ya alejados de los infectados―.
Juan salió del coche tranquilamente a la vez que Marga y se abrazaron
llorando desconsoladamente mientras Nuria y yo veíamos la escena con lágrimas
en los ojos.
―Mi amor tienes que irte con ellos, pronto
estaré como los demás,
―No Juan yo me quedo contigo.
―No Marga tienes que hacerlos por los dos,
tu puedes hacerlo sola y…
Marga levantó su Jersey marrón y mostró una herida superficial con
unos dientes algo marcados en ella.
Juan callo en el suelo de rodillas llorando mientras ella se agachaba
para recogerlo, a lo que Marga secándose las lágrimas en los ojos le dijo;
―En la salud y en la enfermedad ―esbozando
una nerviosa sonrisa―.
Juan la miró y se abrazo a ella, ambos lloraban arrodillados como niños pequeños
sin consuelo.
Nuria y yo, sin palabras y llorando ahora libremente, nos acercamos y abrazamos fuerte a ellos besándolos y compartiendo lo que serían los últimos minutos de su compañia y sobretodo como las personas que habíamos conocido hasta hoy.
― Ya están llegando, se oyen desde aquí,
tenéis que iros ―dijo Juan secándose las lágrimas―, seguid en vuestro coche, que no tiene ventanillas
rotas, Marga y yo buscaremos un lugar donde pasar este tiempo hasta que nos
convirtamos en eso ―dijo señalando a las hienas que se veían a lo lejos―.
―Pero Juan lo mismo si venís hasta un
punto detrás nuestra podréis…
―No iros ya, la carretera está despejada
de aquí en adelante gracias al avión. Cuidaros y ser cautos en la noche.
La despedida fue rápida, nos abrazamos mirándonos a los ojos. Saliendo con los coches le tiré una botella de agua Juan por la ventanilla rota de su 4x4. Nos despidieron con una sonrisa en los ojos y la mano en el corazón.
Nuria y yo partimos, silenciosos y pensativos durante un largo rato. La
carretera estaba tranquila, parecía que nada de lo de atrás hubiera ocurrido,
pero la cara de Juan y Marga montándose en el coche como corderos que van a
degollar quedaría en nuestra cabeza por mucho tiempo.
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