15/5/13

Capitulo 4. Una noche más - Parte 2 -


―Bueno era él o tú.
―En realidad no me da apena. Era un primo de estos como “el que tienen un tío en Grana´ “. Muchas otras veces lo hubiera querido matar pero nunca creí que acabaría haciéndolo.
―¿Y que hacia en tu cochera?
―Nos sobran aparcamientos, porque esto era un antiguo local comercial, así que alquilamos unos cuantos a familiares.
―Bien, la buena noticia es que ninguno de estos coches son de mis cuñados por lo que han debido de irse al campo, ahora hay que adivinar en cual están. ¡¡Subamos pitando!!
―Si por favor, que me da mas asco la rata que los zombis.
Subimos a casa como niños que imaginan que les persigue el demonio por el pasillo oscuro de su casa y nos tumbamos en el sofá riendo.
―Joder tía que susto ¿eh?.
―Ha sido alucinante en serio, primero la rata y luego el primo. Que rapidez con el palo, ¡yo creía que era la rata pegándose golpes contra las paredes para escapar!
―En verdad me siento un poco raro, es la primera vez que mato a alguien con las manos y no pisándolo con el coche.
―Te lo digo yo, al final le pillas el gustillo. Tenemos que conseguir más palos de escoba de madera y afilarlos.
―Me das miedo, enserio, tus instintos de supervivencia crecen más que los míos, o sea los guerreros y sangrientos, pero yo tengo un par de ideítas que ahora en la cena te contaré.
―Me dan miedo tus ideas―dijo Nuria se levanto mientras andaba hacia la ventana―.
―Bueno es simplemente aprovechar que la ciudad...
―No me creo que frente a tu casa haya un estanco―corto tajantemente―.
―Si, ¿que quieres tabaco?
―Quiero el estanco entero.
―Ni pensarlo, no bajo ni loco.
―Voy yo, si no hay nadie en la calle y aún hay luz, es media tarde.
―Acuérdate de slogan “fumar mata”, no te metas ahí por un paquete de tabaco.
―Mira Noel, he venido hasta tu pueblo para encontrar a tu familia, hemos pasado frío, hambre, peligros, miedo, llevamos fumando un cigarro de “mi tabaco”, a pachas al día desde hace 2 meses y para colmo me has metido en el sótano de la niña del exorcista pero lleno de ratas ¿y me vas a negar cruzar una calle de 10 metros de ancha para coger un par de cartones?
―Eres una chantajista buena. Venga vamos ya, ¡pero ya!.

Saltamos nuestro maloliente coche que obstruía el portal de casa y cruzamos la calle sin dramas, todo estaba tranquilo y el estanco se encontraba con la puerta semi-entornada.

―Nuri cuidado.
―Si, ya―contesto cortante, estaba sacando todo el mono de 2 meses en 5 minutos―.

Nuria entro de un golpe, escoba por delante y empezó enramblar con todo lo que se encontraba a su paso. El estanco, antiguo y pequeñito, estaba ya bastante revuelto, se ve que mis queridos ex-vecinos habían tenido la misma idea, “Vamos a robar tabaco, que es lo que más necesitamos en una pandemia mundial”, loosers…

A los 5 minutos salió como una niña con zapatos nuevos y tres bolsas llenas de cartones, paquetes y cigarros sueltos y un cargamento de mecheros, al menos estos nos sería útil.

Aquella tarde-noche fue perfecta. Primero nos duchamos con el agua acumulada en el calentador eléctrico, a pesar de que estuviera fría al menos corría con algo de fuerza por las cañerías y caía sobre ti. Es inimaginable pensar el placer de sentir el agua recorriendo tu cuerpo después de tanto tiempo lavándonos al modo “baños checo y/o polaco”. Nos sentimos inmaculados, renovados, como si nos hubiéramos quitado una carga de encima ―se ve que la roña debe de pesar bastante― sonrientes y felices hablamos, fumamos y reímos hasta tarde, contándonos batallitas de adolescencia y viendo mis fotos de pequeño, todo ello regado con un par de botellas de vino y una cena suculenta a base de latas de fabada asturiana que mi madre tenía semi-escondidas en la despensa y que calentamos con un camping-gas que tenía de mis años de “vámonos de acampada a pasar frio, beber y drogarnos” y que milagrosamente aún tenía algo de gas- Para rematar la noche, subimos al cuarto de mis padres y nos esparcimos  sobre aquella cama grande como si nunca antes hubiéramos dormido en algo tan cómodo, sin preocupaciones, miedos ni pastillas. Nada hacia presagiar los sucesos que estaban por llegar.

A la mañana siguiente nuestra resaca era solo comparable a la del Océano Atlántico, dos botellas de vino para dos personas que llevaban mucho tiempo sin beber "excesivamente" y algún que otro chupito de vodka-caramel que mi madre tenía en el mueble-bar fue "demasiao pa´l body", eso si, habíamos descansado como recién nacidos, algo muy difícil en estos últimos meses.

Poco después de que amaneciera me desperté yo primero, el agua restante del calentador eléctrico estaba en el lavabo así que aproveche para lavarme la cara e intentar recomponerla. Nuria seguía dormida a pierna suelta y preferí no despertarla, empecé a buscar  cosas útiles por la casa y acumularlas; sacos de dormir, tiendas de campaña, cuchillos, soga, un cazo pequeño, hilo, agujas, cinta adhesiva  y  en resumen cualquier cosa que me pareciera útil.

El armario de la entrada estaba sin su llave, no sé como no caí antes, ahí se encontraba el armero de mi padre, pero mis hermanas se habían adelantado y cogido las tres armas que poseía de cazar en sus años mozos, dos escopetas y un rifle―espero que los sepan usar, porque el rifle es difícil de sujetar cuando disparas y puede ser peligroso―.

Mi padre cuando era pequeño intento repetidas veces que usara sus armas para ser un hombre…saber usarlas y cazar era algo que si un hombre no sabía, seguramente, no llegaría a ser un hombre completo, algo muy útil en los tiempos modernos donde la elección de ir a un súper y comprar la carne ya muerta y despiezada era la ultima opción. Pobre, el ya notaba que más que armas a mi me gustaban los armados y cualquier intento se tornaba desesperado. Al menos ahora debería darle las gracias porque puedo asegurar que sé coger un arma, sé como limpiarla y desmontarla y lo más importante, sé como colocarme para apuntar con ellas, pero de nada me serviría tanta hostia si no encontraba una pronto.

―Buenos, días ¿que haces?
―Planeando escaparme y dejarte en la cama abandonada, como era costumbre en tu vida anterior.
―Que marica más mala, venga ya, dime, ¿que buscas ahí?
―Pues estaba mirando el armero, el cual esta abierto y sin armas, asi que mis hermanas al menos tendrán algo con qué defenderse.
―¿Y todo eso de la cocina? ¿ya nos vamos?
―Que va, solo acumulo cosas útiles para cuando nos hagan falta. Vamos a aprovechar que el pueblo está así de tranquilo para arrasar con la ferretería, armería, farmacia, comida y bebidas, y todo todito en ese orden.
―¿Y donde vamos a meter todo eso?
―Esa es la mala noticia, hay que bajar donde las ratas a coger el remolque de mi primo y ya de paso mirar su coche que es mejor que el nuestro.
―Yo paso, ya tenemos el nuestro, metemos lo que quepa y a correr.
―Nuri, si encontramos a mis hermanas, cuñados e hijos tendrán hambre, sed, necesitarán medicinas etc., son más de dos meses, mira nosotros lo que nos duró los víveres y lo que hemos adelgazado, imagina ellos que son más y no confío que saliendo a la escapada llevaran tantas provisiones.
―¿Y la ferretería?
―¿Ni querrás que abramos las puertas golpeando con extintores como en la gasolinera no?. En la ferretería habrá sierras, pinzas etc. que puedan cortar y abrir puertas, candados y esas cosas.
―Prefiero la parte de la armería. ¿Tendrán estrellas ninjas?
―Si, y bazucas, anda payasa, vístete y vamos a la ferretería que es lo que más lejos esta de aquí.

Nuria y yo pasamos tres días a base de ensayos y errores, aprendimos mucho sobre como abrir diferentes tipos de verjas, puertas, candados y saquear con cabeza pensando en lo que se nos avecinaba. La técnica era fácil, vuelta de reconocimiento con el coche para acabar con las hienas que circundaban la zona para luego dejar el coche abierto y pegado a cada comercio y empezar a saquear el establecimiento, en algunos tardamos más de dos horas en abrirlos, otros estaban abiertos y mal saqueados y otros directamente no tenían nada, pero la gran pregunta era ¿dónde estaba toda la gente? salvo un par de susto en algunas tiendas donde había algún hijoputa encerrado, todos los demás estaban vacíos. ¿Estaba claro que la gente había escapado rápidamente hacia Sierra Morena pero ¿por qué había tan poco infectados? ¿como controlaron la epidemia tan rápidamente?, era algo que nos tenía obsesionados, sobre todo a Nuria.

El trabajo durante esos tres días fue pesado, subimos a casa todo lo que habíamos “tomado prestado” de las tiendas, lo ordenamos y pensamos que llevarnos y que dejar para la vuelta, como si la casa se hubiera convertido en el bastimento principal. Armas, cuchillos de caza, un sin fin de medicamentos que ni sabíamos para que servían, agujas, vendajes, cremas carísimas anti envejecimiento para los dos, comida enlatada, bombonas de gas para el camping-gas,  agua a por mayor e incluso un grupo electrógeno a gasofa, una bomba de agua para sacar gasolina de los pozos de las malditas gasolineras y mucha comida enlatada.

Nuestro centro comercial era demasiado grande, ni siquiera habíamos ido a las grandes superficies, entre otras cosas porque se nos presentaban lejanas y más peligrosas, y aún así podríamos haber acumulado perfectamente todo lo que necesitábamos para los próximos 5 meses. 

Descansamos un día, uno al completo, perreando a la antigua usanza  y reponiéndonos para dar nuestro siguiente paso.

―Mañana tendremos un día más divertido. Te enseñaré a disparar con la escopeta, cargarla, limpiarla, etc.
―Estoy muerta, solo quiero terminar de cenar para acostarme.
―Al menos hemos cogido algo de peso con la buena comida de estos días ¿no?. Mañana te tengo una sorpresa, ya veras que guay.
―¿Si? Dime que me vas a llenar la bañera calentando agua con el camping-gas.
―Jajajaja ni lo sueñes, mañana lo veras. Con lo sanguinaria que estás te va a encantar.
―I can´t wait.


10/5/13

Capitulo 4. Una noche más - Parte 1 -


Entramos rápido, muy rápido, íbamos tan histéricos dirección a lo que era mi casa familiar que incluso hubo una par de momentos en que casi perdemos el control del coche al tomar un par de rotondas.

― ¡¡Para Noel!!,  ¡¡para!!

 No había nadie, todo parecía muy tranquilo. Estaba claro que la gente había huido bastante deprisa, comercios abiertos, lugares saqueados, coches abiertos. De vez en cuando alguna hiena deambulaba por alguna calle, pero nada importante, todo parecía como estático, así que para conservar esa tranquilidad, zombi que veíamos, zombi que le pasábamos por encima con nuestro nuevo 4x4.

― ¿Qué raro no? ¿Era poca población? ― preguntó Nuria―.
― Hombre, no es Madrid, pero sus 40.000 habitantes los tenía… No se me ocurre otra cosa más que la gente se fuera hacia la sierra.
―Ya, pero es que no hay hienas por ninguna parte, "casi". Es muy raro Noel.
―Bueno, lo mismo es que controlaron la infección bien o que escaparon rápido, vete tu a saber.

Llegamos hasta mi casa sin problemas, pero claro, meter el coche en la cochera sin corriente eléctrica no era del todo factible, así que fuimos directos a la puerta de casa.

―Dejaremos el coche obstruyendo la puerta―dije―.
―¿Tienes la llaves? Si, en el bolsillo superior pequeño de la mochila, pero espera, por ahí viene una.
―Sería menester que antes de entrar diéramos una rueda de reconocimiento a todas estas calles.
―¿Menester? ¿Que eres un juglar del Mester de Juglaría? jajajaja.
―Chaval, que soy muy leída, aunque ahora sea una maquina de matar.
―Si,  si, anda vamos a dar la vuelta y a coger basura, para ponerla sobre el coche y el portal y disipar nuestro olor, que no me quiero levantar mañana con los tambores.
―Aham―contesto Nuria con desgana―.
―¿Aham? ¿qué te pasa.
―Estaba pensando porque no hay nadie.
-―¿Y….? ¿Alguna idea?
―No ninguna, solo pienso, porque es muy raro tio.
―Bueno ahora en casa lo pensamos, no queremos que se nos haga de noche.

Después de unas cuantas vueltas atropellando a rostros conocidos del pueblo, con más o menos pena, encontramos un cubo de basura de plástico lleno de desperdicios putrefactos, el cual decidimos remolcar hasta el propio portal.

―Vaya ideas tienes. ¿No te bastaban con un par de bolsas?­― rechisto Nuria―.
―Bueno todo sea por tener una noche tranquila. ¿Sabes cual es, "o al menos era", una de mis grandes manías?
―No, ¿poner la basura en bolsas perfumadas?
―Ja, ja...pues no. Odio los golpecitos y a la gente que da golpecitos continuados y estos putos zombis no paran de golpear, así que bastante he controlado los nervios.
―Molaba mas lo de las bolsas perfumadas.

Cada vez notaba más tenso, no daba pie con bola, todo se me caía, todo era doble trabajo mientras cogíamos nuestras peculiares armas y unos cuantos suministros del coche antes de taparlo en basura maloliente. 

Imaginaba mi casa llena de sangre o desordenada y solo recordaba el pie de aquel niño saliendo del armario, esperando no encontrar ninguno de mis sobrinos de aquella forma. La finca donde nací tenía 3 pisos, los dos primeros estaban de seguro vacíos porque mis padres residían en la costa y el tercero correspondía al apartamento de una de mis hermanas, María.

―Vamos―dije―.

Nuria respetaba mi silencio, después de este gran hermano de casi 2 meses había aprendido a conocer mis momentos tensos y silenciosos.

Abrí la puerta del portal y subimos por la escalera hasta el primer piso, el cual se conectaba con el segundo interiormente por una escalera a un lado del patio acristalado interior. Todo era tranquilo, ni un movimiento o ruido perturbaba la paz del edificio.
Nada ni nadie, la casa estaba como la recordaba en Navidad. Nada más entrar nos encontramos con el patio acristalado, a la izquierda de este se encontraba el salón y comedor y al extremo opuesto la cocina y el patio exterior, con un baño para invitados. Todo estaba tranquilo, nadie parecía haber entrado o salido desde mi vuelta a Madrid.

―Todo esta igual―le dije a Nuria.
―Joder tío vaya kelo que tienes.
―Shh, mira, la puerta del patio exterior esta abierta, ahí esta la puerta que baja a las cocheras. Han debido de dejarla abierta mis hermanas, al ir a coger los coches.

Los dos cruzamos la cocina hasta llegar al patio y la puerta a las cocheras.

―Joder―dije, cerrando rápidamente la puerta que daba a las cocheras―.
―¿Qué pasa Noel?
―Esas escaleras que bajan han sido una de mis peores pesadillas de pequeño, son estrechísimas, antiguas, frías, húmedas, oscuras y llena de recovecos. Pertenecen al local antiguo que daba a la calle de atrás y entre medias hay dos  pequeñas habitaciones que eran oficinas y que son igual de oscuras y húmedas porque no entra nada pero nada de luz.
―¿Y quieres bajar?
―Tengo que bajar. Es la única forma de saber si están los coches y si han huido o están deambulando como hienas por ahí.
―Puff, voy a por la linterna entonces.
―Ponle pilas nuevas, please.
―Ni lo dudaba

Antes de bajar al aparcamiento revisamos el segundo piso, en el cual se encontraban las 4 habitaciones y dos cuartos de baño. Todo estaba tranquilo  y ordenado así que ya no quedaba más remedio, había que bajar al sótano.

Decididos, entramos al patio exterior y abrimos silenciosamente la puerta hacia el infierno. Empezamos a bajar las estrechas escaleras, yo en primer lugar con la linterna y mi querido palo de fregona y Nuria detrás agarrada como si entrásemos en la mansión del terror. Si la casa se sentía vacía y silenciosa esto era lo siguiente, como si fuéramos sordos y un poco ciegos pisábamos cada escalón mientras la humedad y oscuridad de esas paredes de cemento visto te hacían sentir transportado a algún lugar cuanto menos confiable.

―Joder Noel esto se pasa del miedo.
―Shh, Nuri, que no escucho y cuidado con el cuchillo que lo tienes en mi oreja.
―Enfoca mas adelante no solo al siguiente escalón, maricón.

Estábamos casi llegando al final de la escalera, donde en seguida se verían los coches cuando paso una rata, como un conejo de grande, atravesando el ultimo escalón y descansillo antes de girar a la cochera.

―Joder que asco y  que puto susto―grito Nuria―.
―Calla, sigue.

Una serie de ruidos se acercaban hasta nosotros, un golpe en la pared, otro, así hasta que logre mantener mi pulso y acertar con la linterna. Era mi primo Pancho abalanzándose hacia nosotros con los colmillos bien afilados.

Le empuje con la escoba la cual prácticamente entro dentro de su laringe así que seguí  empujando hasta la columna más cercana donde finalmente se la atravesé totalmente.Después de un leve forcejeo cayó al suelo desplomado con el palo aún clavado de lado a lado de su garganta. 

La preciosa escena era aún más tétrica a la luz de la linterna. La sangre, de un tono bastante oscuro, salía a borbotones por la circunferencia del palo y sus ojos empezaron a ensangrentarse cada vez más hasta que prácticamente no se diferenciaban sus pupilas.

―Tía, he matado a mi primo. Me van a echar la bulla.