―Bueno era él o tú.
―En realidad no me da apena. Era un primo
de estos como “el que tienen un tío en Grana´ “. Muchas otras veces lo hubiera
querido matar pero nunca creí que acabaría haciéndolo.
―¿Y que hacia en tu cochera?
―Nos sobran aparcamientos, porque esto era
un antiguo local comercial, así que alquilamos unos cuantos a familiares.
―Bien, la buena noticia es que ninguno de
estos coches son de mis cuñados por lo que han debido de irse al campo, ahora
hay que adivinar en cual están. ¡¡Subamos pitando!!
―Si por favor, que me da mas asco la rata
que los zombis.
Subimos a casa como niños que imaginan que
les persigue el demonio por el pasillo oscuro de su casa y nos tumbamos en el
sofá riendo.
―Joder tía que susto ¿eh?.
―Ha sido alucinante en serio, primero la
rata y luego el primo. Que rapidez con el palo, ¡yo creía que era la rata
pegándose golpes contra las paredes para escapar!
―En verdad me siento un poco raro, es la
primera vez que mato a alguien con las manos y no pisándolo con el coche.
―Te lo digo yo, al final le pillas el
gustillo. Tenemos que conseguir más palos de escoba de madera y afilarlos.
―Me das miedo, enserio, tus instintos de
supervivencia crecen más que los míos, o sea los guerreros y sangrientos, pero
yo tengo un par de ideítas que ahora en la cena te contaré.
―Me dan miedo tus ideas―dijo Nuria se
levanto mientras andaba hacia la ventana―.
―Bueno es simplemente aprovechar que la
ciudad...
―No me creo que frente a tu casa haya un
estanco―corto tajantemente―.
―Si, ¿que quieres tabaco?
―Quiero el estanco entero.
―Ni pensarlo, no bajo ni loco.
―Voy yo, si no hay nadie en la calle y aún
hay luz, es media tarde.
―Acuérdate de slogan “fumar mata”, no te
metas ahí por un paquete de tabaco.
―Mira Noel, he venido hasta tu pueblo para
encontrar a tu familia, hemos pasado frío, hambre, peligros, miedo, llevamos
fumando un cigarro de “mi tabaco”, a pachas al día desde hace 2 meses y para
colmo me has metido en el sótano de la niña del exorcista pero lleno de ratas
¿y me vas a negar cruzar una calle de 10 metros de ancha para coger un par de
cartones?
―Eres una chantajista buena. Venga vamos
ya, ¡pero ya!.
Saltamos nuestro maloliente coche que obstruía el portal de casa y
cruzamos la calle sin dramas, todo estaba tranquilo y el estanco se encontraba
con la puerta semi-entornada.
―Nuri cuidado.
―Si, ya―contesto cortante, estaba sacando
todo el mono de 2 meses en 5 minutos―.
Nuria entro de un golpe, escoba por delante y empezó enramblar con
todo lo que se encontraba a su paso. El estanco, antiguo y pequeñito, estaba ya
bastante revuelto, se ve que mis queridos ex-vecinos habían tenido la misma
idea, “Vamos a robar tabaco, que es lo que más necesitamos en una pandemia
mundial”, loosers…
A los 5 minutos salió como una niña con zapatos nuevos y tres bolsas
llenas de cartones, paquetes y cigarros sueltos y un cargamento de mecheros, al
menos estos nos sería útil.
Aquella tarde-noche fue perfecta. Primero nos duchamos con el agua
acumulada en el calentador eléctrico, a pesar de que estuviera fría al menos
corría con algo de fuerza por las cañerías y caía sobre ti. Es inimaginable
pensar el placer de sentir el agua recorriendo tu cuerpo después de tanto
tiempo lavándonos al modo “baños checo y/o polaco”. Nos sentimos inmaculados, renovados, como si nos hubiéramos quitado una carga de encima ―se ve que la roña debe de pesar bastante― sonrientes y felices hablamos, fumamos y reímos hasta tarde, contándonos
batallitas de adolescencia y viendo mis fotos de pequeño, todo ello regado con
un par de botellas de vino y una cena suculenta a base de latas de fabada
asturiana que mi madre tenía semi-escondidas en la despensa y que calentamos
con un camping-gas que tenía de mis años de “vámonos de acampada a pasar frio, beber
y drogarnos” y que milagrosamente aún tenía algo de gas- Para rematar la noche,
subimos al cuarto de mis padres y nos esparcimos sobre aquella cama grande como si nunca antes
hubiéramos dormido en algo tan cómodo, sin preocupaciones, miedos ni pastillas.
Nada hacia presagiar los sucesos que estaban por llegar.
A la mañana siguiente nuestra resaca era solo comparable a la del Océano Atlántico, dos botellas de vino
para dos personas que llevaban mucho tiempo sin beber "excesivamente" y algún que otro chupito de vodka-caramel que mi madre tenía en el mueble-bar fue "demasiao pa´l body", eso si, habíamos descansado como recién nacidos, algo muy difícil en estos últimos meses.
Poco después de que amaneciera me desperté yo primero, el agua
restante del calentador eléctrico estaba en el lavabo así que aproveche para
lavarme la cara e intentar recomponerla. Nuria seguía dormida a pierna
suelta y preferí no despertarla, empecé a buscar cosas útiles por la casa y acumularlas; sacos
de dormir, tiendas de campaña, cuchillos, soga, un cazo pequeño, hilo, agujas, cinta adhesiva y en resumen cualquier cosa que me pareciera
útil.
El armario de la entrada estaba sin su llave, no sé como no caí antes,
ahí se encontraba el armero de mi padre, pero mis hermanas se habían adelantado
y cogido las tres armas que poseía de cazar en sus años mozos, dos escopetas y
un rifle―espero que los sepan usar, porque el rifle es difícil de sujetar
cuando disparas y puede ser peligroso―.
Mi padre cuando era pequeño intento repetidas veces que usara sus
armas para ser un hombre…saber usarlas y cazar era algo que si un hombre no
sabía, seguramente, no llegaría a ser un hombre completo, algo muy útil en los
tiempos modernos donde la elección de ir a un súper y comprar la carne ya
muerta y despiezada era la ultima opción. Pobre, el ya notaba que más que armas
a mi me gustaban los armados y cualquier intento se tornaba desesperado. Al
menos ahora debería darle las gracias porque puedo asegurar que sé coger un arma, sé como limpiarla y desmontarla y lo más importante, sé como colocarme para apuntar con ellas, pero de nada me serviría tanta hostia si no encontraba una pronto.
―Buenos, días ¿que haces?
―Planeando escaparme y dejarte en la cama
abandonada, como era costumbre en tu vida anterior.
―Que marica más mala, venga ya, dime, ¿que
buscas ahí?
―Pues estaba mirando el armero, el cual
esta abierto y sin armas, asi que mis hermanas al menos tendrán algo con qué
defenderse.
―¿Y todo eso de la cocina? ¿ya nos vamos?
―Que va, solo acumulo cosas útiles para
cuando nos hagan falta. Vamos a aprovechar que el pueblo está así de tranquilo
para arrasar con la ferretería, armería, farmacia, comida y bebidas, y todo todito en
ese orden.
―¿Y donde vamos a meter todo eso?
―Esa es la mala noticia, hay que bajar
donde las ratas a coger el remolque de mi primo y ya de paso mirar su coche que
es mejor que el nuestro.
―Yo paso, ya tenemos el nuestro, metemos
lo que quepa y a correr.
―Nuri, si encontramos a mis hermanas,
cuñados e hijos tendrán hambre, sed, necesitarán medicinas etc., son más de dos meses,
mira nosotros lo que nos duró los víveres y lo que hemos adelgazado, imagina
ellos que son más y no confío que saliendo a la escapada llevaran tantas
provisiones.
―¿Y la ferretería?
―¿Ni querrás que abramos las puertas
golpeando con extintores como en la gasolinera no?. En la ferretería habrá
sierras, pinzas etc. que puedan cortar y abrir puertas, candados y esas cosas.
―Prefiero la parte de la armería. ¿Tendrán
estrellas ninjas?
―Si, y bazucas, anda payasa, vístete y
vamos a la ferretería que es lo que más lejos esta de aquí.
Nuria y yo pasamos tres días a base de ensayos y errores, aprendimos mucho sobre como abrir diferentes tipos de verjas, puertas, candados
y saquear con cabeza pensando en lo que se nos avecinaba. La técnica era fácil,
vuelta de reconocimiento con el coche para acabar con las hienas que
circundaban la zona para luego dejar el coche abierto y pegado a cada comercio
y empezar a saquear el establecimiento, en algunos tardamos más de dos horas en
abrirlos, otros estaban abiertos y mal saqueados y otros directamente no tenían
nada, pero la gran pregunta era ¿dónde estaba toda la gente? salvo un par de
susto en algunas tiendas donde había algún hijoputa encerrado, todos los demás estaban
vacíos. ¿Estaba claro que la gente había escapado rápidamente hacia Sierra
Morena pero ¿por qué había tan poco infectados? ¿como controlaron la epidemia
tan rápidamente?, era algo que nos tenía obsesionados, sobre todo a Nuria.
El trabajo durante esos tres días fue pesado, subimos a
casa todo lo que habíamos “tomado prestado” de las tiendas, lo ordenamos
y pensamos que llevarnos y que dejar para la vuelta, como si la casa se hubiera
convertido en el bastimento principal. Armas, cuchillos de caza, un sin fin de
medicamentos que ni sabíamos para que servían, agujas, vendajes, cremas
carísimas anti envejecimiento para los dos, comida enlatada, bombonas de gas
para el camping-gas, agua a por mayor e
incluso un grupo electrógeno a gasofa, una bomba de agua para sacar gasolina
de los pozos de las malditas gasolineras y mucha comida enlatada.
Nuestro centro comercial era demasiado grande, ni siquiera habíamos ido a las grandes superficies, entre otras cosas porque se nos presentaban lejanas y más peligrosas, y aún así podríamos haber acumulado perfectamente todo lo que necesitábamos para los próximos 5 meses.
Descansamos un día, uno al completo, perreando a la antigua usanza y reponiéndonos para dar nuestro siguiente paso.
―Mañana tendremos un día más divertido. Te enseñaré a disparar con la escopeta, cargarla, limpiarla, etc.
―Estoy muerta, solo quiero terminar de cenar para acostarme.
―Al menos hemos cogido algo de peso con la buena comida de estos días ¿no?. Mañana te tengo una sorpresa, ya veras que guay.
―¿Si? Dime que me vas a llenar la bañera calentando agua con el camping-gas.
―Jajajaja ni lo sueñes, mañana lo veras. Con lo sanguinaria que estás te va a encantar.
―I can´t wait.
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