Antes de decir “¡puerta!” Alejandro, mi sobrino de 14 años, se
abalanzó sobre Nuria como una fiera atrapada que llevaba mucho tiempo sin
probar bocado . Estaba maniatado pero la rapidez de su salida dejo a Nuria poco
tiempo de reacción.
―¡NOOO!―grite cuando Alejandro tumbo
instantáneamente a Nuria―.
Ya estaba encima de ella mordiéndole el hombro, mientras Nuria lo
pataleaba salvajemente para quitárselo de encima. Lo agarré por detrás y lo empuje
fuerte dentro del despacho, le di de nuevo una patada para enviarlo al fondo y
cerré la puerta tras él.
―Nuria, ¿estas bien, Nuria?―me agaché
bruscamente, mientras ella se agarraba su hombro―.
―Déjame verlo, Nuri.
Nuria tenía el hombro izquierdo con al menos 3 mordisco, de uno de
ellos salía sangre sin parar, fui al baño y traje papel.
―Toma aprieta, vámonos.
El ruido que hacia Alejandro aporreando su cabeza contra la puerta era
insoportable, mientras, Nuria lloraba y gritaba desconsolada. Yo la abrace
fuerte ayudándola y sin mediar palabra salimos de la casa.
―Noel, tu mano.
―Ya, ya lo sé, no te preocupes, bajemos.
Estamos jodidos los dos
Mi querido sobrino había logrado darme un buen mordisco en la parte
anterior de mi mano. Los tendones me dolían a rabiar pero solo se había llevado
un poco de carne pero lo suficiente para que tambien no dejara de sangrar.
Llegamos
abajo, las piernas nos temblaban. Como histéricos cogimos todas las cosas
posibles que habíamos robado de la farmacia, nos apretamos las heridas para intentar
sacar sangre ya infectada, nos echamos alcohol puro, yodo, agua oxigenada, nos
pusimos una inyección intramuscular de amoxicilina, vamos, cualquier cosa que se nos
ocurriera y aparte, nos tomamos un par de ansiolíticos, para aceptar lo que se
nos avecinaba.
―No hay más que hacer, más no lo podemos
prevenir.
―Lo siento Nuria, si hubiéramos oído algún ruido...
―Más lo siento yo, Noel. Si nos hubiéramos
ido hoy al campo nada de esto hubiera pasado.
―No digas tonterías Nuria, un día más o un
día menos aquí no nos ha llevado a esto, llevamos tiempo eligiendo, siguiendo el
camino que nos parece mejor y es solo eso, una mala elección por parte de ambos,
y estaba claro que la íbamos a tener en algún momento, no somos de esas
personas que sobreviven hasta el final de las películas.
―Si, mucha suerte hemos tenido―dijo
esbozando una sonrisa―.
Nos abrazamos de nuevo y lloramos un buen rato.
―¿Y ahora qué? ¿esperamos la
transformación?―dijo Nuria―.
―Supongo, pero al menos nos vamos a hincar
un litro de vino cada uno, si no más y a fumarnos un cartón de celtas sin
boquilla.
―I agree.
Nuria y yo empezamos a beber como si no hubiera un mañana―que
realmente no lo había― y a contarnos historias que puede que nunca nadie más volviera
a escuchar, entre risas y lloros, a veces de felicidad y otras veces de pena, recordábamos
los “greates hits” de nuestras vidas mientras nos observábamos, como verdaderos
hipocondriacos, intentando adivinar si comenzaba algún signo de la infección.
―Si me transformo antes que tu, no quiero
que me mates―dijo Nuria de pronto―.
―No va a pasar, vamos a estar juntos.
―Ya, pero es muy probable que yo me
transforme antes, mis heridas son más y mayores.
―Dejemos la puerta abierta.
―¿Cómo?
―Si, si nos trasformamos necesitaremos
salir a la calle, comer lo que sea, aquí nos moriremos de hambre.
―Pero alguien nos puede matar, ahí fuera.
―O salvar si sale la cura, aquí moriremos
de inanición si o si. ¿No has visto mi sobrino lo delgado que estaba?, yo creo que no
le quedaba más que un par de semanas u horas.
―¿Entonces que hacemos?, ¿Dormir con las
puertas abiertas? Y si no nos trasformamos, pueden subir por nosotros.
―Pero si no hay nadie en la calle Nuria,
abramos abajo un poco, solo la vuelta al pomo,
por si la empujamos que se abra la puerta del todo.
―¿Y arriba? Si empujamos la puerta se
cierra, son al contrario, habría que abrirla de par en par.
―Tengo una idea, hizo muy buen día, cojamos lo
sacos, el colchón inflable y subamos a dormir a la terraza. Esa puerta si se
abre empujándola.
―Vale, es una romantica idea para morir ―dijo riendo―.
―Esa es la actitud, Nurita.
Echamos en un hatillo algo de comida, más vino y subimos todo a la
terraza, no hacia buena temperatura exactamente pero el vino y nuestros buenos y nuevos sacos nos
harían dormir calientes bajo la parte techada con uralita que mi hermana usaba
para tender.
―Creo que tengo un poco de fiebre―dijo
Nuria―.
―Si, parece que un poco―dije tocándole la
frente―.
Nuria empezó a llorar timidamente, mientras hinchaba con el pie la
colchoneta.
―Tranquila Nuria, estamos ciegos de Vino,
llevamos ya botella y media y ya sabes como te sube los coloretes el vino.
―No sé, me encuentro rara y floja, estoy asustada.
―Borracha, venga no te preocupes ―dije mientras la abrazaba por detrás―.
Metidos en nuestros sacos tipo gusano y bien cerquita el uno del otro,
miramos las estrellas mientras yo me inventaba todas las constelaciones e
historias sin iguales sobre sus nombres para entretener a Nuria, cuya cara se
había tornado en un pálido sospechoso. Un par de veces pasaron algunas fugaces, ninguno dijimos en alto nuestros deseos, pero seguro que eran
coincidentes.
Nuria empezó a cerrar los ojos, le bese, estaba muy caliente y sudorosa.
―Te quiero mucho mariquita―dijo muy bajito
entre sueños sonriendo―.
―Yo también Nurita.
Seguí mirando las estrellas por un rato, imaginando si alguna vez
alguien encontraría la nota que pegue en la puerta de casa mientras Nuria cogía
los enseres para la terraza. Pensé en Marga y Juan, en mi sobrino ahí
encerrado, en mi familia. Pense en la humanidad, si en alguna parte del
mundo aún se podría vivir tranquilo o si alguien estaría investigando sobre la
vacuna para curarlo o al menos prevenirlo.
El vino, junto con los ansiolíticos, empezaban a hacer su efecto. Ya
está, así terminaba todo. Una lagrima escapo de mis ojos cuando decidí
cerrarlos, era mi fin, ahora solo me quedaba esperar.
“Soy
Noel, Noel Avellaneda, yo y mi amiga Nuria fuimos mordidos, dejamos las puertas
abiertas para poder deambular por ahí una vez infectados con la esperanza de no
morir entre estas paredes a la espera de que alguien encuentre la solución a
esta pandemia. Mi sobrino también está infectado en la ultima habitación del
3º, por el ya hay poco que hacer.
Papa, Mama, hermanas solo
puedo decir que os quiero, que me habéis dado una vida superfeliz y que me voy
muy tranquilo por todo el amor que he recibido de vosotros durante mi vida.
Os amo, Noel”