15/6/13

Capitulo 4. Una noche más - Parte 4 -



Antes de decir “¡puerta!” Alejandro, mi sobrino de 14 años, se abalanzó sobre Nuria como una fiera atrapada que llevaba mucho tiempo sin probar bocado . Estaba maniatado pero la rapidez de su salida dejo a Nuria poco tiempo de reacción.

―¡NOOO!―grite cuando Alejandro tumbo instantáneamente a Nuria―.

Ya estaba encima de ella mordiéndole el hombro, mientras Nuria lo pataleaba salvajemente para quitárselo de encima. Lo agarré por detrás y lo empuje fuerte dentro del despacho, le di de nuevo una patada para enviarlo al fondo y cerré la puerta tras él.

―Nuria, ¿estas bien, Nuria?―me agaché bruscamente, mientras ella se agarraba su hombro―.
―Déjame verlo, Nuri.

Nuria tenía el hombro izquierdo con al menos 3 mordisco, de uno de ellos salía sangre sin parar, fui al baño y traje papel.

―Toma aprieta, vámonos.

El ruido que hacia Alejandro aporreando su cabeza contra la puerta era insoportable, mientras, Nuria lloraba y gritaba desconsolada. Yo la abrace fuerte ayudándola y sin mediar palabra salimos de la casa.

―Noel, tu mano.
―Ya, ya lo sé, no te preocupes, bajemos. Estamos jodidos los dos

Mi querido sobrino había logrado darme un buen mordisco en la parte anterior de mi mano. Los tendones me dolían a rabiar pero solo se había llevado un poco de carne pero lo suficiente para que tambien no dejara de sangrar.  

Llegamos abajo, las piernas nos temblaban. Como histéricos cogimos todas las cosas posibles que habíamos robado de la farmacia, nos apretamos las heridas para intentar sacar sangre ya infectada, nos echamos alcohol puro, yodo, agua oxigenada, nos pusimos una inyección intramuscular de amoxicilina, vamos, cualquier cosa que se nos ocurriera y aparte, nos tomamos un par de ansiolíticos, para aceptar lo que se nos avecinaba.

―No hay más que hacer, más no lo podemos prevenir.
―Lo siento Nuria, si hubiéramos oído algún ruido...
―Más lo siento yo, Noel. Si nos hubiéramos ido hoy al campo nada de esto hubiera pasado.
―No digas tonterías Nuria, un día más o un día menos aquí no nos ha llevado a esto, llevamos tiempo eligiendo, siguiendo el camino que nos parece mejor y es solo eso, una mala elección por parte de ambos, y estaba claro que la íbamos a tener en algún momento, no somos de esas personas que sobreviven hasta el final de las películas.
―Si, mucha suerte hemos tenido―dijo esbozando una sonrisa―.

Nos abrazamos de nuevo y lloramos un buen rato.

―¿Y ahora qué? ¿esperamos la transformación?―dijo Nuria―.
―Supongo, pero al menos nos vamos a hincar un litro de vino cada uno, si no más y a fumarnos un cartón de celtas sin boquilla.
―I agree.

Nuria y yo empezamos a beber como si no hubiera un mañana―que realmente no lo había― y a contarnos historias que puede que nunca nadie más volviera a escuchar, entre risas y lloros, a veces de felicidad y otras veces de pena, recordábamos los “greates hits” de nuestras vidas mientras nos observábamos, como verdaderos hipocondriacos, intentando adivinar si comenzaba algún signo de la infección.

―Si me transformo antes que tu, no quiero que me mates―dijo Nuria de pronto―.
―No va a pasar, vamos a estar juntos.
―Ya, pero es muy probable que yo me transforme antes, mis heridas son más y mayores.
―Dejemos la puerta abierta.
―¿Cómo?
―Si, si nos trasformamos necesitaremos salir a la calle, comer lo que sea, aquí nos moriremos de hambre.
―Pero alguien nos puede matar, ahí fuera.
―O salvar si sale la cura, aquí moriremos de inanición si o si. ¿No has visto mi sobrino lo delgado que estaba?, yo creo que no le quedaba más que un par de semanas u horas.
―¿Entonces que hacemos?, ¿Dormir con las puertas abiertas? Y si no nos trasformamos, pueden subir por nosotros.
―Pero si no hay nadie en la calle Nuria, abramos abajo un poco, solo la vuelta al pomo,  por si la empujamos que se abra la puerta del todo.
―¿Y arriba? Si empujamos la puerta se cierra, son al contrario, habría que abrirla de par en par.
―Tengo una idea, hizo muy buen día, cojamos lo sacos, el colchón inflable y subamos a dormir a la terraza. Esa puerta si se abre empujándola.
―Vale, es una romantica idea para morir―dijo riendo―.
―Esa es la actitud, Nurita.

Echamos en un hatillo algo de comida, más vino y subimos todo a la terraza, no hacia buena temperatura exactamente pero el vino y nuestros buenos y nuevos sacos nos harían dormir calientes bajo la parte techada con uralita que mi hermana usaba para tender.

―Creo que tengo un poco de fiebre―dijo Nuria―.
―Si, parece que un poco―dije tocándole la frente―.

Nuria empezó a llorar timidamente, mientras hinchaba con el pie la colchoneta.

―Tranquila Nuria, estamos ciegos de Vino, llevamos ya botella y media y ya sabes como te sube los coloretes el vino.
―No sé, me encuentro rara y floja, estoy asustada.
―Borracha, venga no te preocupes―dije mientras la abrazaba por detrás―.

Metidos en nuestros sacos tipo gusano y bien cerquita el uno del otro, miramos las estrellas mientras yo me inventaba todas las constelaciones e historias sin iguales sobre sus nombres para entretener a Nuria, cuya cara se había tornado en un pálido sospechoso. Un par de veces pasaron algunas fugaces, ninguno dijimos en alto nuestros deseos, pero seguro que eran coincidentes.

Nuria empezó a cerrar los ojos, le bese, estaba muy caliente y sudorosa.

―Te quiero mucho mariquita―dijo muy bajito entre sueños sonriendo―.
―Yo también Nurita.

Seguí mirando las estrellas por un rato, imaginando si alguna vez alguien encontraría la nota que pegue en la puerta de casa mientras Nuria cogía los enseres para la terraza. Pensé en Marga y Juan, en mi sobrino ahí encerrado, en mi familia. Pense en la humanidad, si en alguna parte del mundo aún se podría vivir tranquilo o si alguien estaría investigando sobre la vacuna para curarlo o al menos prevenirlo.

El vino, junto con los ansiolíticos, empezaban a hacer su efecto. Ya está, así terminaba todo. Una lagrima escapo de mis ojos cuando decidí cerrarlos, era mi fin, ahora solo me quedaba esperar.

Soy Noel, Noel Avellaneda, yo y mi amiga Nuria fuimos mordidos, dejamos las puertas abiertas para poder deambular por ahí una vez infectados con la esperanza de no morir entre estas paredes a la espera de que alguien encuentre la solución a esta pandemia. Mi sobrino también está infectado en la ultima habitación del 3º, por el ya hay poco que hacer.
Papa, Mama, hermanas solo puedo decir que os quiero, que me habéis dado una vida superfeliz y que me voy muy tranquilo por todo el amor que he recibido de vosotros durante mi vida.
Os amo, Noel”

9/6/13

Capitulo 4. Una noche más - Parte 3 -

―Buenos días marilady.
―Ummmm, ¿Dónde está mi bañera calentita? ―dijo desperezándose―.
―En el Spa que he reservado para ti con masaje incluido.
―Arg, ojala.
―Vamos, levántate perra-muerta, que nos vamos a ir a pegar unos tiritos.
―Como han cambiado los tiritos…antes esos solo se daban los findes.
―¿Porqué estas tan apática?
­―No, la pregunta es: ¿Porqué estas tú tan feliz?
―No sé, nos va todo bien, tenemos de todo, hasta armas.
―Si, con la salvedad de que el mundo que conocíamos ya no existe.
―Venga levántate ya hija, que eres una feria.

Nuria llevaba un par de días “de bajona”, mi actitud egoísta, centrado todo el día en encontrar a mi familia había dejado a Nuria sin duda un poco apartada, a veces creo que la trataba más como una ayudante o peona para alcanzar mis propósitos que realmente como la media parte del equipo que formábamos fantásticamente.

Sin mucho problema, llegamos al extremo norte del pueblo, no sin antes atropellar a un par de hienas histéricas que peleaban en medio de la avenida principal para lo que parecia una lucha de canibalismo entre ellas.

Desde que empecé a observarlos desde mi tejado de Madrid había notado que existía algo más en ellos, estaban hambrientos, eso estaba claro, pero a diferencia de las películas y series de zombis, estos corrían, olían con certeza, y veían con claridad, incluso de noche, sin olvidar lo mas importante, no hacia falta matarles con un solo tiro en la cabeza,  esto, por supuesto, era lo más rápido y efectivo, pero morían con cualquier golpe certero que hiciera un daño irreversible al cuerpo. También necesitaban alimentarse para sobrevivir, no perduraban por los siglos de los siglos y preferían la carne fresca o más bien dicho “calentita y en movimiento” pero si no les quedaba otro remedio podían comerse entre ellos, pero además, parecían conservar otros aspectos mas propios de animales que de humanos ¿Beberían agua o comerían animales?, ¿recordarían los seres queridos de sus vidas pasadas?, ¿meaban y cagaban?...estaba lleno de preguntas. Algunos a estas alturas deambulaban casi desnudos por las calles, a ver si  el próximo invierno acababa todos. Si hubiera tenido más valor hubiera cogido alguno y experimentado con el, pero no estaba por la labor, aunque sigo pensando que si su cuerpo muere como el nuestro, ¿tendrá las mismas necesidades y también serán inmunes a cambios de temperatura ,virus, infecciones, frío, calor, etc.?.

Nuria y yo discutíamos sobre las hienas constantemente, ella tenia la idea de que en Laponia hace frio pero yo me rio y que allí las hienas estarían congeladas, en cambio  en el ecuador habría fiesta-hienil por siglos hasta que la última muera de inanición después de comerse a las demás. El invierno nos daría una tregua, si eso fuese así, y aunque aún quedaba mucho ya lo teníamos previsto todo, tendríamos que subir a la estación de esquí de Sierra Nevada, es el sitio que más frio puedes encontrar en Andalucía y encima estará lleno de vivieres, leña, comida y pijadas.

―¿Mira, ves ese árbol?, dale al tronco. Déjame que te coloque correctamente.
―Eres patético, lo que haces por rozarte conmigo, ¿estas seguro de tu homosexualidad?―dijo Nuria mientras me colocaba tras ella―.
―Mira Nuri, ponte seria que estamos jugando con armas, así que concéntrate.
―Que dramas eres, si, confirmado, eres gay.
―Mira pesada, este es el seguro y esta echado. ¿Ves como lo quito? por eso se ve ese filito rojo, ahora esta sin seguro y dispara, eso es lo primero y más importante que debes saber. Mira por el cañon recto hacia esa cosita que sobresale de él, eso es el centro, lo que tienes que apuntar hacia la hiena. Tienes solamente dos cargas, ya la cargué, como ves hay dos gatillos, uno por cada cañón, dale solo al primero porque como le des a los dos prepárate para el moratón en el hombro, ahora dispara al árbol y cuidado con el retroceso, yo estaré detrás para que no caigas.
―¡Que de info hijo!, yo disparo y ya, ¿ok?, y se dice moretón.
―Me da igual, yo lo digo así, no vamos a entrar ahora en esa discusión moraton-moreton y de aguadilla y ahogadilla, ¿vale?. Abre más las piernas y dispara.
―¿Ahogadilla? jajajajajaja, eso te lo has inventado.
―No, aquí se dice así.
―Oju, pisha, arriquitaun.
―Venga déjate de coñitas y concentrate en no caerte pa´tras. abre más las piernas y apoyate en la de atrás.

Nuria disparo al árbol, pero ni lo rozó, el retroceso movió su escopeta hacia arriba y casi pierde el pie.

―Wow, me ha dejado sorda. Joder como mola ¿no?
―Jajajajaja te lo dije, bueno ya sabes lo que empuja, dispara el otro gatillo.
Esta vez se concentro antes de disparar, no perdió el pie pero las hojas del árbol ni se movieron.
―Parece que esta ratita es mejor con el cuchillo jamonero que con la escopeta ¿no?
―No sabes lo contenta que estoy ahora mismo de la colección de cuchillos de caza que cogí en tienda.
―Te enseño a cargarla y sigue disparando, mientras yo me doy una vuelta para asegurarme que las hienas no se están acercando por el ruido.

Después de media hora y una caja de cartuchos menos Nuria ya le había pillado el tranquillo. Luego le enseñé a cargar y disparar también el rifle. Cuando volvimos a casa a comer, por el camino, vimos a unos 20 que andaban hacia nosotros alertados por el ruido, esa fue una estupenda práctica de tiro para Nuria, sin embargo yo estaba un poco consternado, mucho de ellos eran caras familiares y me costaba bastante dispararles, así que me limite a conducir y no mirar. 

―Eres mala con cojones ¿eh?
―Hombre, que quieres, en movimiento y mis primeros tiros.
―Vámonos, estamos lejos de casa ,no creo que nos sigan, daremos un rodeo para asegurarnos.

Seguimos hasta casa pero antes hicimos una parada.

―¿Que puta maravilla es esta?―dijo Nuria con la cara iluminada―.
―Te dije que te traería a un spa, pues bueno no es eso exactamente pero se acerca.
―Pero el agua estará fría o peor, estancada.
―Veamos, sino nos vamos.

La piscina cubierta, casi a las afueras de mi pueblo, era una maravilla, toda encristalada era un lugar perfecto para crear un efecto invernadero agradable en invierno pero sofocante en verano. Subiendonos al techo del coche conseguimos entrar a media altura del techo, por una pequeña ventana de aireación que había en el recinto y que casualmente daba a las gradas. El agua de la piscina semi-olímpica no era la más limpia del planeta, las paredes estaban algo babosas pero era pasable, yo había preparado un tentempié que llevaba en mi mochila para sorprenderla y conseguí al menos que Nuria riera y chapoteara como una niña toda la tarde.  Nos bañamos repetidas veces, la sensación casi olvidada el agua cubriéndonos completamente era un placer difícil de resistir. El pequeño invernadero que se había convertido la piscina y las vistas despejadas del campo que a rodeaba, hizo que pasásemos una tarde reconfortante que nunca olvidare.

―Mañana podríamos ir ya para el campo a echar un vistazo, ¿no crees?―dije algo nervioso recogiendo las toallas, pensando en no estropear el momento―.
―Bueno, pensé que podíamos esperar un día más. Si hace un día tan bueno como hoy  podíamos venir aquí con geles, champús, cremas, comida y pasar una tarde de verdadero spa.
―Es que estoy un poco preocupado, quiero ver si están y sobre todo el como estarán, creo que ya estamos descansados y preparados para ir.
―Venga tío, venga porfa, que nunca te pido nada, hagamos lo mismo mañana así practicamos con las armas más.
―Bueno vale―dije a regañadientes, incapaz de decirle que no―.

Al día siguiente todo amaneció normal, volvimos a dar un par de tiros e ir a la piscina, relajandonos todo la mañana y tarde. Había tumbonas en la parte del solárium y Nuria estaba encantada.

―Sabes, me gustaría un arco, creo que es más medieval y erótico.
―Ah, pues mi cuñado tenía uno, yo se donde lo tiene, en el armario grande de su despacho, podíamos cogerlo. 
―No te creo, ¿tienes un arco? Yo tiraba un poco de pequeña.
―Es súper duro, la cuerda esa pa´ estirarla te lleva la vida y te da una agujetas mortales.
―Bueno las escopetas no son mejores, tengo un dolor de hombro que te pasas, today.
―Luego subimos a buscarlo, mi madre siempre tiene una llave de casa de mi hermana.
―¡Vale!
―No es nada de mala idea, ¿eh?, pero nada, las flechas son reutilizables.
―Soy genia, you know.

Cuando llegamos a casa totalmente relajados y sin bajas zombis, aún quedaba un buen rato de luz así que  buscamos la llave incansablemente por la usualmente desordenada alacena de mi madre y subimos a casa de mi hermana, en el tercer piso del bloque.

―¿Porque no hemos subido antes? ―preguntó Nuria―.
―No me apetecía subir, no hay nada arriba que me interese.
―Hasta ahora.
―Si, hasta ahora.

Muchas mañanas me levantaba recordando el piececito del niño saliendo del armario. Esa imagen no era lo peor que había visto en el camino de sangre que íbamos dejando a nuestro paso, pero si me hacía reflexionar en todos de mis sobrinos y a mi hermanas protegiéndolos  Prefería no ver ningún zapato saliendo de un armario o cualquier rastro de sangre, era algo a lo que no me veía capaz de enfrentar.

Entramos cautelosamente, todo estaba un poco revuelto, no demasiado, exceptuando la cocina.

―Parece que escaparon bien.
―Vamos atrás, lo mismo mi cuñado se lo llevó, es lo más lógico.

Abrimos el cuarto de mi sobrino, que estaba de paso a la oficina de mi cuñado. Mientras Nuria iba directa a la siguiente puerta yo me percate de algo. El cuarto estaba colocado de distinta forma y había cuerdas en la cama de este, parecía que...


―Espera Nuria no abras la…