―Buenos días marilady.
―Ummmm, ¿Dónde está mi bañera calentita? ―dijo
desperezándose―.
―En el Spa que he reservado para ti con
masaje incluido.
―Arg, ojala.
―Vamos, levántate perra-muerta, que nos
vamos a ir a pegar unos tiritos.
―Como han cambiado los tiritos…antes esos
solo se daban los findes.
―¿Porqué estas tan apática?
―No, la pregunta es: ¿Porqué estas tú tan
feliz?
―No sé, nos va todo bien, tenemos de todo,
hasta armas.
―Si, con la salvedad de que el mundo que
conocíamos ya no existe.
―Venga levántate ya hija, que eres una
feria.
Nuria llevaba un par de días “de bajona”, mi actitud egoísta, centrado
todo el día en encontrar a mi familia había dejado a Nuria sin duda un poco
apartada, a veces creo que la trataba más como una ayudante o peona para alcanzar
mis propósitos que realmente como la media parte del equipo que formábamos fantásticamente.
Sin mucho problema, llegamos al extremo norte del pueblo, no sin antes
atropellar a un par de hienas histéricas que peleaban en medio de la avenida principal para lo que parecia una lucha de canibalismo entre ellas.
Desde que empecé a observarlos desde mi tejado de Madrid había notado
que existía algo más en ellos, estaban hambrientos, eso estaba claro, pero a
diferencia de las películas y series de zombis, estos corrían, olían con
certeza, y veían con claridad, incluso de noche, sin olvidar lo mas importante,
no hacia falta matarles con un solo tiro en la cabeza, esto, por supuesto, era lo más rápido y
efectivo, pero morían con cualquier golpe certero que hiciera un daño
irreversible al cuerpo. También necesitaban alimentarse para sobrevivir, no
perduraban por los siglos de los siglos y preferían la carne fresca o más bien
dicho “calentita y en movimiento” pero si no les quedaba otro remedio podían
comerse entre ellos, pero además, parecían conservar otros aspectos mas propios de animales que de humanos ¿Beberían agua o comerían animales?, ¿recordarían
los seres queridos de sus vidas pasadas?, ¿meaban y cagaban?...estaba lleno de preguntas. Algunos a estas alturas deambulaban casi desnudos por las calles, a ver si el próximo invierno acababa todos. Si hubiera tenido
más valor hubiera cogido alguno y experimentado con el, pero no estaba por la
labor, aunque sigo pensando que si su cuerpo muere como el nuestro, ¿tendrá las
mismas necesidades y también serán inmunes a cambios de temperatura ,virus,
infecciones, frío, calor, etc.?.
Nuria y yo discutíamos sobre las hienas constantemente, ella tenia la
idea de que en Laponia hace frio pero yo me rio y que allí las hienas estarían
congeladas, en cambio en el ecuador
habría fiesta-hienil por siglos hasta que la última muera de inanición después
de comerse a las demás. El invierno nos daría una tregua, si eso fuese así, y aunque aún quedaba mucho ya lo teníamos previsto todo, tendríamos que subir a la
estación de esquí de Sierra Nevada, es el sitio que más frio puedes encontrar
en Andalucía y encima estará lleno de vivieres, leña, comida y pijadas.
―¿Mira, ves ese árbol?, dale al tronco.
Déjame que te coloque correctamente.
―Eres patético, lo que haces por rozarte
conmigo, ¿estas seguro de tu homosexualidad?―dijo Nuria mientras me colocaba
tras ella―.
―Mira Nuri, ponte seria que estamos jugando
con armas, así que concéntrate.
―Que dramas eres, si, confirmado, eres
gay.
―Mira pesada, este es el seguro y esta
echado. ¿Ves como lo quito? por eso se ve ese filito rojo, ahora esta sin seguro y dispara, eso es lo primero y más
importante que debes saber. Mira por el cañon recto hacia esa cosita que
sobresale de él, eso es el centro, lo que tienes que apuntar hacia la hiena.
Tienes solamente dos cargas, ya la cargué, como ves hay dos gatillos,
uno por cada cañón, dale solo al primero porque como le des a los dos prepárate
para el moratón en el hombro, ahora dispara al árbol y cuidado con el
retroceso, yo estaré detrás para que no caigas.
―¡Que de info hijo!, yo disparo y ya, ¿ok?, y se dice moretón.
―Me da igual, yo lo digo así, no vamos a
entrar ahora en esa discusión moraton-moreton y de aguadilla y ahogadilla, ¿vale?. Abre más las
piernas y dispara.
―¿Ahogadilla? jajajajajaja, eso te lo has inventado.
―No, aquí se dice así.
―Oju, pisha, arriquitaun.
―Venga déjate de coñitas y concentrate en no caerte pa´tras. abre más las piernas y apoyate en la de atrás.
―¿Ahogadilla? jajajajajaja, eso te lo has inventado.
―No, aquí se dice así.
―Oju, pisha, arriquitaun.
―Venga déjate de coñitas y concentrate en no caerte pa´tras. abre más las piernas y apoyate en la de atrás.
Nuria disparo al árbol, pero ni lo rozó, el retroceso movió su
escopeta hacia arriba y casi pierde el pie.
―Wow, me ha dejado sorda. Joder como mola
¿no?
―Jajajajaja te lo dije, bueno ya sabes lo
que empuja, dispara el otro gatillo.
Esta vez se concentro antes de disparar,
no perdió el pie pero las hojas del árbol ni se movieron.
―Parece que esta ratita es mejor con el
cuchillo jamonero que con la escopeta ¿no?
―No sabes lo contenta que estoy ahora
mismo de la colección de cuchillos de caza que cogí en tienda.
―Te enseño a cargarla y sigue disparando,
mientras yo me doy una vuelta para asegurarme que las hienas no se están
acercando por el ruido.
Después de media hora y una caja de cartuchos menos Nuria ya le había
pillado el tranquillo. Luego le enseñé a cargar y disparar también el rifle. Cuando volvimos
a casa a comer, por el camino, vimos a unos 20 que andaban hacia nosotros
alertados por el ruido, esa fue una estupenda práctica de tiro para Nuria, sin
embargo yo estaba un poco consternado, mucho de ellos eran caras familiares y
me costaba bastante dispararles, así que me limite a conducir y no mirar.
―Eres mala con cojones ¿eh?
―Hombre, que quieres, en movimiento y mis
primeros tiros.
―Vámonos, estamos lejos de casa ,no creo
que nos sigan, daremos un rodeo para asegurarnos.
Seguimos hasta casa pero antes hicimos una parada.
―¿Que puta maravilla es esta? ―dijo Nuria con la cara iluminada―.
―Te dije que te traería a un spa, pues
bueno no es eso exactamente pero se acerca.
―Pero el agua estará fría o peor,
estancada.
―Veamos, sino nos vamos.
La piscina cubierta, casi a las afueras de mi pueblo, era una maravilla, toda encristalada era un lugar perfecto para crear un efecto invernadero agradable en invierno pero sofocante en verano. Subiendonos al techo del coche conseguimos entrar a media altura del techo, por una pequeña ventana de aireación
que había en el recinto y que casualmente daba a las gradas. El agua de la
piscina semi-olímpica no era la más limpia del planeta, las paredes estaban
algo babosas pero era pasable, yo había preparado un tentempié que llevaba en
mi mochila para sorprenderla y conseguí al menos que Nuria riera y chapoteara
como una niña toda la tarde. Nos bañamos
repetidas veces, la sensación casi olvidada el agua cubriéndonos completamente
era un placer difícil de resistir. El pequeño invernadero que se había
convertido la piscina y las vistas despejadas del campo que a rodeaba, hizo que pasásemos una tarde
reconfortante que nunca olvidare.
―Mañana podríamos ir ya para el campo a
echar un vistazo, ¿no crees?―dije algo nervioso recogiendo las toallas, pensando
en no estropear el momento―.
―Bueno, pensé que podíamos esperar un día
más. Si hace un día tan bueno como hoy
podíamos venir aquí con geles, champús, cremas, comida y pasar una tarde
de verdadero spa.
―Es que estoy un poco preocupado, quiero
ver si están y sobre todo el como estarán, creo que ya estamos descansados y preparados
para ir.
―Venga tío, venga porfa, que nunca te pido
nada, hagamos lo mismo mañana así practicamos con las armas más.
―Bueno vale―dije a regañadientes, incapaz de decirle que no―.
Al día siguiente todo amaneció normal, volvimos a dar un par de tiros e ir a la piscina, relajandonos todo la mañana y tarde. Había tumbonas en la parte del solárium y
Nuria estaba encantada.
―Sabes, me gustaría un arco, creo que es
más medieval y erótico.
―Ah, pues mi cuñado tenía uno, yo se donde
lo tiene, en el armario grande de su despacho, podíamos cogerlo.
―No te creo, ¿tienes un arco? Yo tiraba un
poco de pequeña.
―Es súper duro, la cuerda esa pa´
estirarla te lleva la vida y te da una agujetas mortales.
―Bueno las escopetas no son mejores, tengo
un dolor de hombro que te pasas, today.
―Luego subimos a buscarlo, mi madre
siempre tiene una llave de casa de mi hermana.
―¡Vale!
―No es nada de mala idea, ¿eh?, pero nada, las flechas son reutilizables.
―Soy genia, you know.
―¡Vale!
―No es nada de mala idea, ¿eh?, pero nada, las flechas son reutilizables.
―Soy genia, you know.
Cuando llegamos a casa totalmente relajados y sin bajas zombis, aún
quedaba un buen rato de luz así que buscamos la llave incansablemente por la
usualmente desordenada alacena de mi madre y subimos a casa de mi hermana, en el
tercer piso del bloque.
―¿Porque no hemos subido antes? ―preguntó
Nuria―.
―No me apetecía subir, no hay nada arriba
que me interese.
―Hasta ahora.
―Si, hasta ahora.
Muchas mañanas me levantaba recordando el piececito del niño saliendo del armario. Esa imagen no era lo peor que había visto en el camino de sangre que íbamos
dejando a nuestro paso, pero si me hacía reflexionar en todos de mis
sobrinos y a mi hermanas protegiéndolos Prefería no ver ningún zapato saliendo de un armario o cualquier
rastro de sangre, era algo a lo que no me veía capaz de enfrentar.
Entramos cautelosamente, todo estaba un poco revuelto, no demasiado,
exceptuando la cocina.
―Parece que escaparon bien.
―Vamos atrás, lo mismo mi cuñado se lo
llevó, es lo más lógico.
Abrimos el cuarto de mi sobrino, que estaba de paso a la oficina de mi
cuñado. Mientras Nuria iba directa a la siguiente puerta yo me percate de algo.
El cuarto estaba colocado de distinta forma y había cuerdas en la cama de este, parecía que...
―Espera Nuria no abras la…
No hay comentarios:
Publicar un comentario