5/2/13

Capitulo 2. Los dos meses - Parte 7 -


Durante dos largos días y peores noches, pagamos con creces la incorporación de Nuria a nuestro bloque. El escándalo que habíamos formado en la calle era tremendo, alrededor de 30 hienas se agolpaban al pie de nuestro edificio. Hienas fue el nombre que se nos ocurrió ponerles tras analizar cómo se movían en manada y comían cualquier cosa.

Según Nuria, los había observado durante largos días a pesar del frío y cuando tenían hambre iban comiendo restos de cadáveres del suelo, con una actitud de repugnancia, haciendo gestos como si no les gustara la carne muerta o podrida, pero su instinto de alimentarse los obligaba a ello.

Nuria, la antes conocida como la zorra-hijaputa de la terraza de las fiestas de enfrente, era una fisioterapeuta joven, alta y guapa con grandes ojos color miel. Natural como ella misma también era natural de Barcelona, llevaba viviendo en Madrid 2 años para estudiar osteopatía. Cuando empezó todo esto se encerró en casa muerta de miedo al ver como una amiga era prácticamente devorada por dos enfermos, quedando en casa con las cuatro cosas que poseía. Durante todo el mes se dio cuenta que era la única persona “sana” de su edificio, ya que buscando comida por el por él, encontró a un infectado dentro de una habitación al cual volvió a encerrar rápidamente sin mayores consecuencias.

 El ruido era continuo y constante, sin cansancio estuvieron aporreando nuestra puerta durante dos largos interminables días, donde la charla y el vino que tenía nos ayudaban a guardar la cordura, aunque nos estaban volviendo locos.  Tiramos varias veces objetos a larga distancia para poder descansar pero ya no todos se movían, y el resto volvía enseguida, no querían dejar escapar a tanta carne fresca del edificio.

La mañana siguiente de la segunda noche durmiendo con tapones improvisados en los oídos, un lexatin y media copa de vino, estábamos desayunando como con una leve resaca una mísera cucharada de miel y una rodaja del jamón que me había regalado mi padre para navidad, cuando oímos que los golpes paraban súbitamente.

Salimos al tejado corriendo y con cuidado y de pie  cerca de la ventana adivinamos ya en la esquina a una pareja joven torciendo hacia la plaza.

No lo van a conseguir, son más rápido que ellos, y van demasiado cargados.
Shhh calla Nuri, escuchemos.

No se oyó nada en 1 minuto hasta que los gritos desgarradores de ella retumbaron por todo Madrid…hasta que se silenciaron.

Pobres desgraciados, aprovechando que toda la calle estaba en nuestro portal han decidido salir. No contaron con lo que hay en las demás. – dijo Nuria– 
Pobrecita. Voy a bajar Nuria, quiero ver en qué estado está la puerta.
Te acompaño.

La puerta seguía viva aunque bastante doblegada. Entre Nuria Juan y yo bajamos un pesado aparador de la casa de Juan para reforzarla un poco y lo llenamos de toda la basura que habíamos generado en ese mes en las escaleras y los objetos pesados de nuestras casas. Ojalá la basura tape un poco nuestro olor. Encima del aparador pusimos el tablero de mi somier, encajándolo entre el aparador y la puerta.
Muchos de ellos volvieron a la calle de nuevo al cabo de unas horas pero ya no todos reconocían la puerta ¿Habría funcionado?

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