21/1/13

Prefacio


Empecé perdiendo la noción de la horas, luego la de los días y en este momento ni siquiera estoy seguro en qué año vivo. Solo las estaciones, ahora más crudas de lo que eran entonces, me recuerdan al menos en que época del año me encuentro.

He perdido todo lo que le daba sentido a mi existencia en este mundo. Todo se muere a mí alrededor y el único sol que aún me daba calor se ha extinguido, se ha perdido suavemente entre mis manos  como si fuera el agua que escurre entre mis dedos en este maldito rincón del mundo lleno de miserias  y desolación.

La “supuesta” tierra prometida esta cerca, iré sin él, lo dejaré aquí descansando como si estuviera dormido, pero llegaré, lo haré por los dos y allí por fin podré descansar tranquilo e incluso morir en paz.

Nunca creí en Dios, al menos no en mi vida adulta, pero si me dio este don, ya no lo quiero más, no lo quiero volver a utilizar. Quiero que todo siga su curso tal y como debería ser. Nos merecemos la extinción que el virus IH tenía programada para nosotros. No voy a ser yo quien detenga eso. Es nuestro sino.

Noel Avellaneda, 14 de septiembre del 2016

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