15/01/2013
5:20 a.m
Un ruido ensordecedor me
despierta en medio de la noche. Disparos e incluso mini explosiones me
despabilan de inmediato acercándose velozmente hasta mi casa.
Llevaba un par de días sin muchas
esperanzas, como un vagabundo merodeador sin parar de pensar en mi familia.
Salvo por una pequeña visita de Juan, llevaba unos días esperando a que un
guapo, musculoso y armado militar me recogiera de mi domicilio y me metiera de
to´ menos miedo, o al menos que me metiera en un furgón de esos verdes
militares típicos de campos de concentración para trasladarme a una zona
segura.
¡Sí! Son ellos, están limpiando,
siguen en activo ¡¡¡qué alegría!!!
Cojo rápidamente el batiburrillo
de sabanas entrelazadas aún enganchadas a la cama y salgo al tejado con tantas
ansias que casi en un traspié me precipito al vacio.
Ahí están matando a los andantes
en sus coches de asalto. Buah, ¡¡esto sí que es de película!!. Son un poco malos y
no aciertan a todos porque van demasiado rápido pero se están cargando
prácticamente a toda la calle. Varios hombres y mujeres uniformados sobre una
especie de Jeep con protecciones van disparando en 360°. Cuando ya iban saliendo
de la calle empieza a sonar un ruido extraño, una vibración leve se nota en los
cristales del ventanuco que queda detrás mía.
Oh Dios mío, por favor, no me lo
puedo creer, son cientos de ellos,
miles, tomando la esquina de mi estrecha calle corriendo hacía el Jeep. Son
tantos que rebosan por las esquinas para poder entrar formando un tapón de
enfermos coléricos que forcejean entre ellos para ser los primeros que se echen
el manjar a la boca.
No están limpiando ¡están
huyendo!, han entrado por mi calle desde Fuencarral a la Plaza del 2 de Mayo precisamente
por eso, para reducir su velocidad y que hagan un tapón que los frene. Oh, muchas gracias hijos de puta,
me vais a dejar la calle de puta madre para salir algún día. Esto parece la
boda de Lolita pero en versión Thriller.
La multitud empieza a
desentaponarse y seguir su camino. Uno de ellos parece que mira para arriba, es
momento de entrar en casa, si es cierto que nos huelen no quiero que se queden
en la calle esperando mi lindo body para sus propósitos.
Los nervios me corren por el cuerpo de ver lo
que me puede esperar ahí fuera, sin armas, y con un cuchillo jamonero comprado
en Toledo como única defensa. Voy a intentar seguir durmiendo, no quiero
afrontar la realidad ahora, el lexatin de cada noche me deja no calmado pero si
al menos lejos del pánico. Mañana tendré que empezar a pensar un plan real que
me pueda sacar de aquí en un momento dado, no voy a morir con Juan y Margarita
en esta finca, eso lo tengo claro.
Nada más despertar fui a comentar
con Juan la jugada de la noche anterior. El abrió uno de sus postigos levemente
y también pudo contemplar la escena.
―Esto es mucho más de lo que yo
pensaba Juan, no veo salida ni escapatoria.
―Bueno, al menos parece que la zona
se quedo más desierta con el paso de los militares. Esta mañana he mirado por
las rendijas y parece haber la mitad de los que antes circulaban por la calle.
―Me da igual, ¿has visto la
cantidad que había? Eran cientos, miles, ¡y como corrían!
―Pero bueno Noel que te pensabas
¿que había 5 por calle o qué? Te lo dije en su momento, esto no va a ir a
mejor.
―Juan, no lo asustes, no sabemos
nada, a lo mejor que los persiguieran era su estrategia para juntarlos en una
zona – dijo Marga-
―Marga, esos pobres diablos no han
pasado de Moncloa, en cuanto hayan salido a una arteria principal la cantidad
de personas en la calle no dejaría andar ese jeep, ¡y encima descubierto!
Los tres quedamos callados y
pensativos. Dentro de cada uno existía un poco de esperanza de que todo fuera
parte de un plan, aunque la realidad nos mostrara algo diferente.
―Aparte de todo, les querría invitar
a un arroz murciano de mi madre, se me va a poner malo porque es de pescado y
lleva 1 día totalmente descongelado, me
gustaría que subieran a almorzar.
―No hijo no, cómelo entero tu solo,
distribúyelo en comida y cena, no desperdicies comida, nosotros estamos aún muy
bien. No malgastes.
―Ok, como quieran, subo a entonces
a desayunar, si cambian de idea aún tienen tiempo hasta la hora de comer ¿ok?
Luego nos vemos.
―Hasta luego hijo, que te aproveche.
―Igualmente, hasta luego.
En mi casa hacía hasta calor de la calefacción gratuita, pero ese lujo duraría poco en acabarse. El
agua y gas estaban en ese punto crítico, llegando con menos fuerza y toques
de aire cada vez más frecuentes. Tenía que cocinar todo lo cocinable y guardarlo, no podía dejar que
nada de esa comida se pudriese, aunque ya había tenido que tirar un par de
cosas desde que se fue la luz.
La cosa esta torciéndose rápidamente y aún no he pensado la manera de salir de este agujero antes llamado casa.
La cosa esta torciéndose rápidamente y aún no he pensado la manera de salir de este agujero antes llamado casa.
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