25/1/13

Capitulo 2. Los dos meses - Parte 1-


La mañana que conocí a los vecinos del segundo me levante casi al alba, la noche anterior me acosté demasiado temprano victima de mezclar ansiolíticos y alcohol, pero me hacía falta descansar para procesar toda la locura observada desde mi tejado

De un día a otro había pasado de estar malito y cómodo bajo las mantas de casa, a estar sumido en una película de terror. En estos casos nunca sabes cómo puede reaccionar el cuerpo humano, el mío reacciono rápido y asimilo que era la realidad que había y ahora necesitaba explicaciones mayores.

―¡¡Genial, y ahora no hay luz!!, Good Morning Zombieland ―exclame en alto―.

Estar sin luz era  una situación ideal para mi baño-zulo. Vivía en el típico piso “barato” de Madrid,  de esos abuhardillado que se encontraban en  el último piso de cada edificio céntrico. Este era encantador, muchísima luz y tenía la suerte de tener techos altos, así que no era tan incomodo como otros que conocía donde la gente se tenía que agachar en determinadas zonas de la casa. Calefacción a gas, aire acondicionado, con un salón alargado y cocina y baño de 2x3 metros. Arriba estaba la habitación, a la cual se accedía por una escalera de barco que enganchada al suelo, colindando con la puerta principal, se movían para acceder al armario que ocupaba un pequeño hueco debajo de la habitación.

Bueno, al menos el agua sigue llegando. Espero que restablezcan pronto el servicio porque mucho Iphone pero la batería le dura un suspiro, y no hablemos del portátil. Intentare no abrir mucho el frigo y empezar a comerme los congelados desde mañana que estarán en estado de descongelación casi total.
He desayunado a disgusto, un par de rebanadas de bimbo con mantequilla y un zumo. No hago más que pensar en salir a hablar con los vecinos pero me da un canguelo salir a las escaleras que me muero, no se oye nada correteando en ningún momento así que me voy a lanzar.

Quito los pestillos despacito,  intentando no hacer ruido con las cerraduras, poniendo el pie “porsi”  y abro la puerta lentamente observando. Venga sal ya hombre, si no hay nadie.

La escalera está como siempre,  La rara que vive enfrente mía no está, eso lo tenía asumido, tiene un novio heavy y cuando están se siente.

Bajo a ver los viejitos del segundo, esos señores con tanta paciencia que me aguantan las fiestas de cada fin de semana. Llamando a la puerta suavemente con los nudillos espero unos segundos, ¿serán sordos y por eso no les molesta las fiestas? Observo cómo cambia de color fugazmente la mirilla. Tenía un poco de respeto a la situación,  que esta gente mayor ya se sabe, se quedaron de la guerra tocados y lo mismo te sacan una escopeta en una situación así.

―¿Quién es, que quiere?
―Soy el vecino de arriba ¿no me reconoce?
―¿Y qué quieres?
―Me gustaría hablar, charlar, me siento solo arriba y me vendría bien  un poco de compañía. Aquí no hay nadie señor, la escalera está segura, puede abrir sin miedo.
―¿Te han mordido?
―No señor, llevo 3 días encerrado en casa con gripe, ni si quiera los he visto de cerca.

De pronto abre la puerta de sopetón, casi doy un gritito del susto y con los ojos muy abiertos me dice;

―¿NI SIQUIERA LOS HAS VISTO?

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