La mañana que conocí a los
vecinos del segundo me levante casi al alba, la noche anterior me acosté
demasiado temprano victima de mezclar ansiolíticos y alcohol, pero me hacía
falta descansar para procesar toda la locura observada desde mi tejado
De un día a otro había pasado de
estar malito y cómodo bajo las mantas de casa, a estar sumido en una película
de terror. En estos casos nunca sabes cómo puede reaccionar el cuerpo humano,
el mío reacciono rápido y asimilo que era la realidad que había y ahora
necesitaba explicaciones mayores.
―¡¡Genial, y ahora no hay luz!!,
Good Morning Zombieland ―exclame en
alto―.
Estar sin luz era una situación ideal para mi baño-zulo. Vivía
en el típico piso “barato” de Madrid, de
esos abuhardillado que se encontraban en el último piso de cada edificio céntrico. Este
era encantador, muchísima luz y tenía la suerte de tener techos altos, así que
no era tan incomodo como otros que conocía donde la gente se tenía que agachar
en determinadas zonas de la casa. Calefacción a gas, aire acondicionado, con un
salón alargado y cocina y baño de 2x3 metros. Arriba estaba la habitación, a la
cual se accedía por una escalera de barco que enganchada al suelo, colindando
con la puerta principal, se movían para acceder al armario que ocupaba un
pequeño hueco debajo de la habitación.
Bueno, al menos el agua sigue
llegando. Espero que restablezcan pronto el servicio porque mucho Iphone pero
la batería le dura un suspiro, y no hablemos del portátil. Intentare no abrir
mucho el frigo y empezar a comerme los congelados desde mañana que estarán en
estado de descongelación casi total.
He desayunado a disgusto, un par
de rebanadas de bimbo con mantequilla y un zumo. No hago más que pensar en
salir a hablar con los vecinos pero me da un canguelo salir a las escaleras que
me muero, no se oye nada correteando en ningún momento así que me voy a lanzar.
Quito los pestillos despacito, intentando no hacer ruido con las cerraduras,
poniendo el pie “porsi” y abro la puerta
lentamente observando. Venga sal ya hombre, si no hay nadie.
La escalera está como
siempre, La rara que vive enfrente mía
no está, eso lo tenía asumido, tiene un novio heavy y cuando están se siente.
Bajo a ver los viejitos del
segundo, esos señores con tanta paciencia que me aguantan las fiestas de cada fin
de semana. Llamando a la puerta suavemente con los nudillos espero unos
segundos, ¿serán sordos y por eso no les molesta las fiestas? Observo cómo
cambia de color fugazmente la mirilla. Tenía un poco de respeto a la situación,
que esta gente mayor ya se sabe, se quedaron
de la guerra tocados y lo mismo te sacan una escopeta en una situación así.
―¿Quién es, que quiere?
―Soy el vecino de arriba ¿no me
reconoce?
―¿Y qué quieres?
―Me gustaría hablar, charlar, me
siento solo arriba y me vendría bien un
poco de compañía. Aquí no hay nadie señor, la escalera está segura, puede abrir
sin miedo.
―¿Te han mordido?
―No señor, llevo 3 días encerrado
en casa con gripe, ni si quiera los he visto de cerca.
De pronto abre
la puerta de sopetón, casi doy un gritito del susto y con los ojos muy abiertos
me dice;
―¿NI SIQUIERA LOS HAS VISTO?
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