―Noel, esto no va a ir a mejor, sino a peor. Nosotros
ya somos viejos y esperaremos aquí, con la ayuda de Dios, lo que nos tenga que
venir ¿pero tú? tu puedes luchar por escapar y buscar un sitio seguro. Debes
buscar tu salida antes de que te quedes sin comida, salvaguardar todas tus
fuerzas y escapar a la sierra o algún otro lugar sin tanta gente. Aquí lo único
que harás será esperar tu muerte.
Juan me miraba
con un brillo en los ojos especial, tal vez por la esperanza de mi “salvación”
o por la admisión en voz alta de su condena a morir en aquella casa.
―Gracias
Juan, debo pensar en todo esto, es muy
reciente para mí―dije despidiéndome―.
―Hasta
luego hijo, baja cuando quieras.
―Hasta
luego
En la soledad de
mi casa, comiendo unas lentejas sin mucho apetito, aún siendo medio día las
cosas se veían demasiado oscuras.
¿Dónde estará mi
familia? ¿Debería salir a buscarlos? Y mis padres ¿Estarán esperando también
esta muerte lenta como Juan y Margarita? No puedo permitir que acaben así, al
menos no así solos. Debo pensar alguna manera de ir por ellos, no me puedo
quedar aquí.
Esa misma tarde decidí
bajar a visitar a la familia del 1º, un matrimonio joven con 2 hijos. Al bajar
algo más la escalera que en la mañana,los porrazos secos en la puerta de la calle, por parte de los infectados, se
incrementaban. El corazón me palpitaba al ritmo de cada golpe.
Parecía que los vecinos habían huido. Entré a la casa
sigilosamente, la puerta estaba semi-abierta y el interior revuelto como si un
tornado hubiera pasado por allí. El salón parecía tranquilo, este daba acceso a la cocina, busqué en cada
rincón y solo habían dejado café, tés y poca cosa más. En la mesa del salón había
unos periódicos de días anteriores. En ellos ponía poco más de lo que ya sabía,
se ve que la información no era muy amplia o variada los primeros días en que
el virus hacia su aparición. Los hospitales estaban llenos de pacientes
amarrados a sus camas, y las bajas producidas por estos entre los profesionales
eran cuantiosas, por lo que se podía observar.
Medite un
segundo y cerré los postigos antes de salir, no me interesaba lo que había en
los cuartos, no creo que encontrara nada útil y el miedo de abrir cada puerta
me hizo dar marcha atrás. De vuelta por el pasillo me percate de un rastro, era
mínimo pero si distinguía en el suelo manchas secas casi de color negro. Las seguí
atentamente hasta que una visión me dejó sin aliento, en el armario empotrado, cerca
de la puerta, se veía sobresalir un piececito de niño. Lo mire atentamente para
ver si realmente era un zapatito o el propio pie sobresaliendo. No tuve valor
de mirar dentro, cerré la puerta rápidamente tras de mí y salí.
Era su hijo
varón, el más pequeño de los dos hermanos, de eso estaba seguro. Estaba ahí,
delante de mí, muerto, oculto en un armario. Era demasiado impresionante para
mí pensar como esa madre tuvo que dejar a su hijo de esa manera y salir huyendo
con el resto de su familia.
Subiendo tembloroso las escaleras pensaba en mis sobrinos pequeños. ¿Qué habrán hecho mis hermanas con sus niños? ¿Cómo protegerlos de esta abominación?
Subiendo tembloroso las escaleras pensaba en mis sobrinos pequeños. ¿Qué habrán hecho mis hermanas con sus niños? ¿Cómo protegerlos de esta abominación?
Yo era el
pequeño de 5 hermanos. Antes de revuelta zombi al menos éramos 5, todas ellas
mujeres hechas y derechas, casadas y con hijos.
Pau y María
vivían en Andújar, nuestro pueblo natal
de Jaén, mientras Vera, la mayor, vivía
a las afueras de Madrid. Ana sin embargo vivía en Cádiz, a 30 minutos en coche
de mis padres, en las maravillosas Calas de Roche. Días antes de todo este
barullo Vera se encontraba en Tailandia de viaje navideño con su marido y dos
hijos.
Sentado en mi
sofá viendo el atardecer por mi ventana pensaba en todas y cada una de ellas.
No tengo esperanzas
de volver a ver a Vera, solo espero que en aquel rincón del mundo la enfermedad
no haya llegado o al menos que hayan tenido más tiempo para prepararse que en
Europa.
Pau con dos
niñas pequeñas y María con un hijo adolescente estarían en el pueblo, no tengo
ninguna duda que están bien y seguro habrán decidido seguir juntas su camino a
las profundidades de la sierra.
Mi hermana Ana es
la que menos me preocupaba, en su chalet fortificado, paneles solares, huerto,
árboles frutales, pozo etc, es una mujer
fuerte y decidida, si ha conseguido la comida suficiente para alimentar a sus
mellizos y marido, creo que podrá aguantar sin ningún tipo de problema. Mis
padres, si han sido inteligentes y rápidos, deberían haber huido a su casa,
hubiera sido la mejor idea pero son tan mayores, débiles y vulnerables que se
están convirtiendo en mi mayor preocupación.
Mirando cómo se oscurecía
el cielo y la luna se presentaba con mas fuerza pensaba si alguno de ellos estaría
también mirándola y pensando donde y en qué circunstancias me encontraría yo.
Voy a tomar una
copa de vino, necesito relajarme un poco.
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