29/1/13

Capitulo 2. Los dos meses - Parte 3 -


Noel,  esto no va a ir a mejor, sino a peor. Nosotros ya somos viejos y esperaremos aquí, con la ayuda de Dios, lo que nos tenga que venir ¿pero tú? tu puedes luchar por escapar y buscar un sitio seguro. Debes buscar tu salida antes de que te quedes sin comida, salvaguardar todas tus fuerzas y escapar a la sierra o algún otro lugar sin tanta gente. Aquí lo único que harás será esperar tu muerte.

Juan me miraba con un brillo en los ojos especial, tal vez por la esperanza de mi “salvación” o por la admisión en voz alta de su condena a morir en aquella casa.

Gracias Juan,  debo pensar en todo esto, es muy reciente para mídije despidiéndome.
Hasta luego hijo, baja cuando quieras.
Hasta luego

En la soledad de mi casa, comiendo unas lentejas sin mucho apetito, aún siendo medio día las cosas se veían demasiado oscuras.

¿Dónde estará mi familia? ¿Debería salir a buscarlos? Y mis padres ¿Estarán esperando también esta muerte lenta como Juan y Margarita? No puedo permitir que acaben así, al menos no así solos. Debo pensar alguna manera de ir por ellos, no me puedo quedar aquí.

Esa misma tarde decidí bajar a visitar a la familia del 1º, un matrimonio joven con 2 hijos. Al bajar algo más la escalera que en la mañana,los porrazos secos en la puerta de la calle, por parte de los infectados, se incrementaban. El corazón me palpitaba al ritmo de cada golpe. 

Parecía que los vecinos habían huido. Entré a la casa sigilosamente, la puerta estaba semi-abierta y el interior revuelto como si un tornado hubiera pasado por allí. El salón parecía tranquilo,  este daba acceso a la cocina, busqué en cada rincón y solo habían dejado café, tés y poca cosa más. En la mesa del salón había unos periódicos de días anteriores. En ellos ponía poco más de lo que ya sabía, se ve que la información no era muy amplia o variada los primeros días en que el virus hacia su aparición. Los hospitales estaban llenos de pacientes amarrados a sus camas, y las bajas producidas por estos entre los profesionales eran cuantiosas, por lo que se podía observar.

Medite un segundo y cerré los postigos antes de salir, no me interesaba lo que había en los cuartos, no creo que encontrara nada útil y el miedo de abrir cada puerta me hizo dar marcha atrás. De vuelta por el pasillo me percate de un rastro, era mínimo pero si distinguía en el suelo manchas secas casi de color negro. Las seguí atentamente hasta que una visión me dejó sin aliento, en el armario empotrado, cerca de la puerta, se veía sobresalir un piececito de niño. Lo mire atentamente para ver si realmente era un zapatito o el propio pie sobresaliendo. No tuve valor de mirar dentro, cerré la puerta rápidamente tras de mí y salí.

Era su hijo varón, el más pequeño de los dos hermanos, de eso estaba seguro. Estaba ahí, delante de mí, muerto, oculto en un armario. Era demasiado impresionante para mí pensar como esa madre tuvo que dejar a su hijo de esa manera y salir huyendo con el resto de su familia.

Subiendo tembloroso las escaleras pensaba en mis sobrinos pequeños. ¿Qué habrán hecho mis hermanas con sus niños? ¿Cómo protegerlos de esta abominación?

Yo era el pequeño de 5 hermanos. Antes de revuelta zombi al menos éramos 5, todas ellas mujeres hechas y derechas, casadas y con hijos.

Pau y María vivían en Andújar,  nuestro pueblo natal de Jaén, mientras Vera, la mayor,  vivía a las afueras de Madrid. Ana sin embargo vivía en Cádiz, a 30 minutos en coche de mis padres, en las maravillosas Calas de Roche. Días antes de todo este barullo Vera se encontraba en Tailandia de viaje navideño con su marido y dos hijos.

Sentado en mi sofá viendo el atardecer por mi ventana pensaba en todas y cada una de ellas.
No tengo esperanzas de volver a ver a Vera, solo espero que en aquel rincón del mundo la enfermedad no haya llegado o al menos que hayan tenido más tiempo para prepararse que en Europa.

Pau con dos niñas pequeñas y María con un hijo adolescente estarían en el pueblo, no tengo ninguna duda que están bien y seguro habrán decidido seguir juntas su camino a las profundidades de la sierra.

Mi hermana Ana es la que menos me preocupaba, en su chalet fortificado, paneles solares, huerto, árboles frutales, pozo etc,  es una mujer fuerte y decidida, si ha conseguido la comida suficiente para alimentar a sus mellizos y marido, creo que podrá aguantar sin ningún tipo de problema. Mis padres, si han sido inteligentes y rápidos, deberían haber huido a su casa, hubiera sido la mejor idea pero son tan mayores, débiles y vulnerables que se están convirtiendo en mi mayor preocupación.

Mirando cómo se oscurecía el cielo y la luna se presentaba con mas fuerza pensaba si alguno de ellos estaría también mirándola y pensando donde y en qué circunstancias me encontraría yo.

Voy a tomar una copa de vino, necesito relajarme un poco.

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