Me invitó a
entrar a su “lúgubre” y antigua casa llena de muebles contrachapados estilo
años 80.
―¿Cómo es que no viste ninguno? ―me preguntó camino al salón―
―Es que he estado con gripe los últimos días guardando cama, todo esto ha
ocurrido mientras yo estaba enfermo. Ni cogía el teléfono, ni veía tele, ni
leía noticias. ¡NADA!―debe pensar que soy el más panoli del planeta―.
Dentro, sentada
en el salón expectante, se encontraba su
esposa, una señora muy simpática a la cual había ayudado un par de veces a
subir la compra, ambos rondaban los 70, aunque yo para eso de la edades nunca
he tenido muy buen ojo. La casa olía a “viejo”, ese olor indescriptible pero
tan reconocible. Siempre fue uno de mis
grandes miedos de mayor, que mi casa huela así ¿Por qué pasara eso? Había muy
poca luz y la poca que entraba venia de las rendijas de los postigos antiguos
que cubrían los ventanales de los balcones.
―Buenos
días señora como se encuentra.
―Muy
bien hijo. ¿no te habrán mordido?
―No
señora no. Ni los he visto de cerca.
La señora
también me pone una cara de sorpresa y terror ―creo que este par
de viejitos son un poco dramatic... ―.
―¿Cuál
es tu nombre?
―Noel,
Noel Avellaneda ―¿por qué digo el apellido? Estoy como en tensión―.
―Noel
yo soy Juan Gómez y mi mujer Margarita Corné.
―Encantado
señor.
―¿Entonces
no has estado fuera ni los has visto?
―Ayer me asome al tejado, porque no tengo acceso a la calle solo a este patio.
―¿Y que
viste? ¿Había muchos? Nosotros no abrimos los balcones y los postigos no nos
dejan ver nada.
―No sé,
estaba oscuro, eran como unos 30
―Estamos rodeados. Si no vienen pronto por nosotros nadie nos podrá ayudar.
―Bueno cálmese―drama-queen―. Ya verá como vienen. ¿se refiere a los militares no? Cuénteme un
poco más de todo, ya le dije que no sé nada de nada ¿Cómo empezó esto? ¿Dónde…
―Te voy
a decir lo que tienes que saber. Ellos nos huelen, nos persiguen y acechan, son
cazadores, es el único instinto que les ha quedado en su cerebro. Hasta que no
consigan su presa no descansaran.
Después de una
pausa bien dramática me atrevo a preguntar de nuevo.
―¿Pero
cómo empezó todo?
―No se
sabe mucho, lo que daban las noticias hasta que empezaron los cortes de emisión
solo decía que podía proceder de la descongelación de bacterias o virus atrapados en lo que hasta ahora eran las nieves perpetuas de Groenlandia.
―Ammm,
Groenlandia ―o sea, otra cosa más que sumarle al cambio climático―.
―Los
ingleses empezaron todo, ese fue el foco principal por eso los demás países
intentaban luchar cerrando fronteras contra el virus pero nosotros caímos de
los primeros.
―Bueno, los ingleses siempre han tenido un particular humor, pero esto ya es pasarse.
―Los
ingleses han sido siempre unos hijos de puta.
―Y
porque dice que nos huelen y acechan. ¿Cómo son?
―Hijo
son animales, solo quieren alimentarse. ¿tu que viste cuando saliste a tu
tejado?
―Pues
no sé, vi muchos en puertas y pegados a paredes y otros por la calle.
―¿Lo
ves?
―¿Qué?
―Esperan
que salgamos, saben que estamos aquí, nos huelen. Esperan que nuestra
desesperación les de su ración diaria de comida.
―¿Y porque no se comen entre ellos?
―Son de
la misma manada, su olor debe ser reconocible.
―Pero
yo leí que estaban vivos, no pueden oler diferente a un humano.
―Estarán
vivos, si pero te aseguro que ya no son humanos.
En ese momento
Margarita se pone de pie y con su mano en mi hombro agrega;
―Hijo,
cuando los veas de cerca y mires sus ojos te darás cuenta de que no queda nada
de humanidad en ellos.
Tragando saliva,
de pronto no puedo distinguir si estaba en un sueño, una película o el Show de Truman, lo que sé es que cada segundo me estaba gustando menos la situación y
el ambiente cargado de esa casa.
―¿Y los militares donde están?
―¿Los
militares? Pufs, dirás los 4 mataos que tenemos. Lo peor que hizo Aznar fue
quitar la Mili, ahora ni hay fuerzas ni gente preparada para luchar. Gente como
tú, de tu edad, tenía que estar
defendiéndonos ahora, ¡pero claro si no sabéis ni coger un fusil!
―Bueno―si seguro gente como yo pensando si el fusil le combina con las botas―, creo
que nadie se esperaba esto como para estar lo suficientemente preparados.
―Aún así
el otro día pasaron por la calle y dejaron algunos muertos, pero no podían con
todos y cuando se vieron acorralados huyeron.
―Digo yo que se tendrán que reagrupar y empezar a matarlos ordenadamente, no sé,
aturdiéndolos con gas o con ametralladoras en tanques, ahí nadie los puede
acorralar.
―¿Noel
era tu nombre no?
―Si
―Noel,
no sé si tendrás razón o no hijo, ojalá, pero te puedo asegurar que no les va a
ser tan fácil retener tanta gente. Antes de que se descubriera el pastel, ya
había mucha gente infectada, nadie sabía nada y los enfermos como perros
rabiosos, en medio de un gran festín de comida, mordían y atacaban sin ton ni
son, sin centrarse en ninguno para devorarlos por lo que hubo mucha gente afectada en poco tiempo.
―¿Pero
cuanto tiempo tardan en transformarse o lo que sea que les pase?
―Eso no
lo sé hijo, minutos, horas, depende de la herida supongo. Algunos, a los que
cogen entre varios y devoran prácticamente no reviven, mueren. Es lo único que
sé con certeza.
―¿Cómo andan de comida? Tengo muchas cosas congeladas y no quiero que se me
echen a perder. Espero que el gas todavía funcione.
―No le
quedará mucho si las cosas siguen a este ritmo, pero por ahora nos mantenemos
bien con lo que conseguí y ya disponíamos.
―Pues
les voy a dejar, vivo en el 3D justo encima. Si necesitan lo que sea no duden
en pedírmelo. Hasta luego señora.
―Adiós,
ten cuidado en las escaleras. Juan por Dios mira bien antes de que salga el
chico.
―Gracias
señora, nos vemos en un rato.
Antes de
despedirme en la puerta Juan me agarro del hombro y me soltó un discurso que
jamás olvidare.
No hay comentarios:
Publicar un comentario