5/4/13

Capitulo 3. El viaje - Parte 8 -


Corrí con la escopeta hacia detrás de la gasolinera,  cuando, OMG,  mis piernas temblaron al ver la cantidad de hienas que venían corriendo como auténticos cazadores. La luz era ya casi mínima. Nuria estaba, ahí, como una tonta parada, mirándolos venir con el jabón de manos de los baños privados de los empleados chorreando al suelo.

―Venga Nuria, corre tonta corre ¡¡CORRE!!

Fuimos lo más rápido posible para el coche mientras nos pisaban los talones. Cuando nos metimos dentro era demasiado tarde, había un centenar saliendo por ambos lados de la gasolinera.

Encendí el motor e intente salir a toda prisa mientras se nos echaban encima en una cantidad casi impenetrable por mi discreto coche. Uno de ellos cayó con tal fuerza sobre la luna delantera que nos la rompió consiguiendo entrar con la mitad de su cuerpo. Nuria le pateo con fuerza hasta echarlo a la vez que yo frenaba en seco para desengancharlo. Finalmente, escapamos raudos y veloces…aunque algo malogrados.

―Nos ha faltado el chocho una mosca jajajaja
―No le veo la gracias Noel jajajajajajaja

Los dos reímos nerviosamente mirándonos por un par de kilómetros.

―Esos zombis tienen un oído y una vista muy fuerte, tía.
―Sí, también hemos tardado mucho muchísimo. ¿Nos seguirán sin descanso?
―Espero que no porque si no tenemos a la mitad norte de España corriendo hacia nosotros ahora mismo.
―Noel, tenemos que ser más rápidos en estas cosas, sino no sobreviviremos mucho tiempo en Zombieland.
―Si, a mi me preocupaba la gasolina, estamos justos para llegar y necesitamos ir recargando en cada oportunidad. Pero ahora me preocupa más el agujero de la luna porque casi no veo nada y pueden entrar con facilidad por tu lado.
―Y el frio que entra, ¿eso no te importa?
―Si, hay que buscarnos otro coche. Tengo el lugar perfecto para dormir esta noche, tranquilo y alejado.
­―¿Dónde?


En 15 minutos estábamos entrando en el Paso de Despeñaperros, casi no había luz pero intenté seguir sin faros para no llamar la atención.  Era un lugar tranquilo, alejado de todo y rodeado de montañas inaccesible a salvo de la carretera. Entramos despacio hasta el famoso Mirador del Desfiladero.

―Me gusta el sitio, es bonito y no hay ni un alma, y  tenemos comida basura para un mes.  Pero sabes que si solo comemos cosas con azúcar caeremos enfermos enseguida ¿no?­―comento Nuria―.
―Ya, hija, claro que lo sé, tendremos que ir mirando más oportunidades. Las latas de conservan van a ser nuestras mejores amigas. En mi pueblo hay un varias grandes superficies en el polígono que da a la autovía, ahora hay que ver si no nos encontramos "otro Corte Ingles " como el de Méndez Álvaro.

Bajamos del coche, por fin, relajados respiramos una bocanada de aire puro, un aire mucho más puro del que recordaba. Supongo que la falta de polución por los coches y demás industrias habían dado un olor y claridad especial al ambiente en el último mes, pero estar ahí era realmente un lujo.

Hacia un frio de muerte, menos mal que entre las cosas que "robamos" de la gasolinera a Nueria se le ocurrió echar un par de rollos de celofán, así que tapamos el agujero con una bolsa y mucho mucho celofan modo pantalla, hasta que quedo prácticamente rígido.

―Esto no nos salvará de ningún zombi pero al menos lo parará un poco―dije―.
―No voy a pegar ojo, lo sé.
―Bueno tía, lo intentaremos.

Nuria y yo cenamos bien, aunque no teníamos una extensa gama de productos pero el comer “guarrerías” después de tanto tiempo y en esa cantidad nos hizo que tuviéramos una charla divertida y amena, con toques de sustos y silencios para ver si oíamos algo que merodeara, pero en el fondo muy divertida.

La resto de la noche paso lenta, cuando miraba a Nuria la veía con un ojo abierto mirando mi ventana, que daba a la carretera. Varias veces en la noche entablamos conversaciones mas seria y profundas. Nos acordamos de Juan y Marga y de lo que podría haber sido de ellos y sobretodo hablamos del plan a seguir para el día siguiente. En eso se había convertido nuestras vidas, en un continuo plan minucioso sin tiempo para los ensayos y errores, intentando escudriñar cada paso para salvaguardarnos de cualquier fallo "mortal".

Nuria me contó algo más sobre su familia. Era hija única, su madre vivía en Lisboa con su nuevo marido y su padre tenía líos de faldas continuos, causa principal del divorcio cuando ella era adolescente. Sentía que debía ir a buscar a su madre a Lisboa pero no sabía ni cómo ni cuándo, ni siquiera sabía donde vivía exactamente. Tenía programado ir a pasar el verano con ella, pero ahora todo plan carecía de lógica. Su padre le preocupaba menos, no le tenía mucho aprecio por lo que pude ver, así que no le insistí mucho.

A la mañana siguiente nos levantamos cogidos de la mano, nada más salir el sol. Salimos hasta el mirador, con un frío que mataba maricones y desayunamos unos zumos con unas panteras rosas.

―Hacia que no me comía una pantera rosa ¡años!. Ha tenido que venir una apocalipsis zombi para que deje el régimen de guarrerías y me de todo igual.
―¿De que vas? ¿de musculoca? jajajaja
―No, de bulímica amnésica. Que to´ me lo como y luego se me olvida vomitar.
―Jajajaja, Qué bonita vista ¿eh? ―dijo Nuria cambiando de tema―.
―Sí, ojala me pudiera levantar así de tranquilo todos los días.
―No se podría pedir más para la situación que estamos. ¿Y si nos quedamos aquí?
―Nuri, tengo que ir. Podemos buscar un coche y volverte con víveres si es lo que realmente deseas.
―No, voy contigo, mu´ bonito mu´ bonito pero aquí sola no me quedo y además me volvería loca.
―Eso ya lo estas no te preocupes.
―Habló…
―Venga, vámonos mariliendres.

Dejamos atrás Despeñaperros con la pena de abandonar aquella tranquilidad. Mi excitación en cambio aumentaba, como buen andaluz entraba en mi territorio natural, en mi Andalucía del alma.

Poco después del Paso empezamos a cruzar los pueblos de Jaén, empezamos de nuevo a ver algunas hienas a lo lejos mientras pasábamos no muy deprisa por la falta de visibilidad en el coche.

―¡Mira un coche! ―exclamé―.
―Lo veras tu, porque yo con esta bolsa…
―Si, está lejos aún, en el arcén. Estamos ya cerca de mi pueblo, pero nos convendría cambiar de coche.
―¡Y que lo digas!
―Parece abandonado y es un 4x4.

Cuando llegamos lo entendimos todo. Sus dueños parecían haber huido dejando dentro a un chico joven y decrépito que había sido infectado. Estaba maniatado y  golpeaba el cristal con la cabeza, sacando los dientes de forma rabiosa, parecía endemoniado.

―Es un todoterreno, tenemos que conseguir este coche Nuri.
―Que miedo, este está especialmente hambriento. ¿estará lleno de gasolina?
―Sí, seguramente irían al hospital de mi pueblo que es el más cercano.

Seguí conduciendo en dirección opuesta lentamente para atraer la atención de los zombis circundantes hasta otro punto bastante lejano, parando intermitentemente para darles tiempo a "casi" alcanzarnos, mientras en el transcurso Nuria y yo pensábamos como adueñarnos del todoterreno. Dimos la vuelta y bajamos deprisa,  ¡bien! estaban las llaves, esa era nuestra principal preocupación.

―¿Y si dejaron el coche encendido y no hay gasolina? ―preguntó Nuria―
―Da igual,  nos vamos en el nuestro, nunca haremos nada si nunca probamos, vamos, venga distráelo.

Nuria empezó a golpearle en la ventanilla opuesta mientras yo me preparaba para abrir y dispararle en la cabeza. Antes de abrir, cayó fulminado de espaldas.

―¿Qué ha pasado? ― dije mirando a Nuria―
―Había una rajita abierta en la ventana. Así menos ruido―sonrió pícaramente mientras me enseñaba el cuchillo cubierto en sangre oscura―
―Le estas cogiendo un gusto al cuchillito, ¿eh perri?

Nuria entro en el coche y a duras penas logro sacar a ese chico mientras yo intentaba arrancar.

―Parece que no tiene batería. ¡Mierda! Tenía las luces dadas.

En el horizonte podíamos adivinar la silueta de algunos de ellos acercandose por detrás, a toda prisa.

―Pues corre saca las pinzas―dijo Nuria―.
―Si, pa´ sacar pinzas estoy yo ahora. Móntate que empujo, vamos―Tenia a mi favor una ligera cuesta―.
― Nuri baja, quita el freno de mano y empuja desde ahí, con la puerta abierta, cuando ruede sube y dale al contacto.
―Mira me estas poniendo muy nerviosa.
―Dale, vamos, pesada, ¡vamos!

El coche empezó a andar y coger velocidad, Nuria se montó y empezó a probar el contacto. Corri hasta nuestro coche y me monté viendo como la primera hiena estaba a apenas 10 metros de mí.

Casi no veía el coche con Nuría, parece que lo ha conseguido. Aceleré rápido y ahí estaba, iba andando perfectamente y de su tubo de escape salía humo. Aceleré hasta estar paralelo a ella.

―¡¡YUJUUUU!! ―grité bajando la ventanilla―.
―No estés tan contento. Esta casi a cero de gasolina y huele una peste a zombi que mata―gritó―.
―Sigamos un poco y airéalo hija. Voy por delante y te indico.
―O.K.

Estuvimos en carretera unos 15 minutos más hasta que cogí un desvío cerca de mi pueblo que nos llevaría por una extensa área de olivos. La probabilidad de encontrar hienas por allí era prácticamente nula, a no se que supieran conducir tractores, o estuvieran muy perdidas, claro. Seguimos por un camino de tierra hasta que mi coche dijo basta.

―¡Bieeeeeen!―gritamos al bajar abrazándonos―.
―Que bien. Pero ahora nos hace falta gasolina. ¿Que llevará esto?―dijo Nuria―.
―No sé. Traslademos todo y hagamos un pequeño tentempié más adentro del campo, mientras miramos los papeles del coche. Ahí algo tiene que poner. ¿te parece?
―Si, muero de hambre. Las panteras rosas son engañosas―dijo Nuria―.

Mirando las especificaciones del coche durante media hora por fin descubrimos que usaba gasolina y no diesel. Así que nos decidimos a buscar con mi coche alguna casucha con tractores, remolques etc, a ver si encontrábamos algo.

―Con la suerte que nos caracteriza no encontraremos nada―dijo Nuria―
―No te preocupes, aquí hay un montón de chalecitos desperdigados y naves para la recolecta de la aceituna. Probaremos carril por carril.
―Si, si…veremos si además de gasolina hay compañía non grata.
―"La negativa" te voy a llamar. Mira allí hay una nave, a ver como llegamos allí.

Encontramos el camino directo a la nave después de un par de vueltas al carril de tierra principal y sus bifurcaciones. Como ya era costumbre, dimos varias palmadas e hicimos ruidos golpeando el coche para aseguramos de que ningún bicho cercano pudiera molestarnos.

­―Mira ese tractor. Podemos tener suerte.
―Y como sabes si es diesel o gasolina―dijo Nuria―.
―Aprende…los tractores antiguos normalmente usaban gasolina, como el que tenemos ahí.  De todas formas podemos sacar un poco de gasofa, desparramarla un poquito por el suelo y prenderla,  si es gasolina arderá de un golpe y si es diesel irá poco a poco siguiendo la lámina del líquido.
―Me dejas muerta ¿por qué sabes eso?
―Porque soy una mariquisabidilla jajaja. Lo leí una vez y le encontré la lógica, si el diesel tarda más en gastarse  y se ahorra más con él en los coches...pues tiene que quemar más lento ¿no?. No sé si me explico...
―Pues venga, que nos huelen.

Salimos a toda prisa, mientras Nuria vaciaba el par de garrafas de agua, yo mientras, con la manguera, iba intentando adivinar donde estaba el depósito y luego como abrirlo.

―Déjame sacarla a mi. Tu date una vuelta a ver si ves algo. No me fio del campo abierto―dije a Nuria bruscamente―.
―¡A sus ordenes Comandanta!―respondió con aire jocoso―.
―Cuidado, Nuri, "porfa".

Nuria fue a dar una vuelta de reconocimiento, eso me ponía un poco tenso, la última vez que estaba sola la encontré  congelada frente al panorama que se avecinaba en la gasolinera. La nave, semi-oculta por el campo de olivos, parecía cerrada a cal y canto y sin ninguna actividad humana o no humana.

―Venga Nuria vámonos―grité―.

Por una esquina de la nave apareció ella, mas contenta que unas pascuas con una azada de las que tienen dos puntas opuestas a la pala, echada al hombro.

―Aquí la jefa.
―Jajaja venga killer, vámonos, tenemos 10 litros de gasolina, tendremos que dar un par de vueltas para llenar lo que podamos del tanque.
―Pues mejor traemos el coche aquí y mientras llenas una voy rellenando el tanque con la otra ¿no?.
―Por eso hace falta siempre una mujer, sois más pragmáticas.

Era un buen día primaveral, el olivo estaba en flor y los pájaros cantaban como en los cuentos. Aún con el nerviosismo de ser descubiertos, no por delito de hurto sino por peligro de muerte,  logramos llenar el deposito e incluso guardar un par de garrafas llenas para los próximos días. 

Todo en aquel rincón era ajeno a lo que estaba sucediendo y nosotros tuvimos nuestro pequeño momento de tranquilidad almorzando patatas y refrescos templados. El almuerzo, sobre el techo del 4x4, fue divertido, las cosas parecían ir bien e incluso nos animamos a fumar los últimos cigarros que Nuria tenia de una lata de tabaco de liar que racionamos hitlerianamente durante aquellos meses.

―Bueno, entonces, vamos directos a meternos en la boca del lobo ¿no?―Nuria corto la conversación distendida tajantemente―.
―Prefiero hacerlo hoy, entramos rápido, mi casa no está muy en el interior del pueblo. Vamos a toda leche y hacemos el reconocimiento, luego pensamos que hacer, ¿te parece?
―Ok, pues venga, mientras antes nos quitemos el disgusto mejor.
―Si, vamos ya, que oscurece.

Mi angustia se acrecentaba pensando el desenlace familiar. Había algo en mi que me hacía pensar que estaban vivos, los sentía, notaba algo que me arrastraba hasta ellos.

Un nudo en la garganta me hacía estar poco hablador mientras conducía hacia la nueva verdad. A partir de ahora todo iba a cambiar sustancialmente y mientras pensaba en todas las posibilidades sobre aquella verdad que iba descubrir, ahí estaba delante de nosotros, mi pueblo, Andújar.

No hay comentarios: